Provincia. Viernes Santo en Pilas (II)
Pilas Cofrade. Tras el paso silente de Cristo Yacente, Jesús del Descendimiento, Pilas espera impaciente las diez de la noche y la luna, más resplandeciente que nunca, se dispone a asomarse desde un balcón del cielo para iluminar el caminar de la Señora por su pueblo de Pilas; marcha real para la Reina más guapa del Aljarafe, inició su particular procesionar por las calles de Pilas.
Phalahenopsis en la delantera y alelíes en las jarras laterales para exornar y perfumar el conjunto del paso de palio, colocado de manera primorosa y de exquisito gusto; tal vez exuberante, pero a una Madre se le ofrece todo lo mejor, es por ello por lo que los hermanos de la Soledad saben darle lo mejor a su Virgen, porque Ella es merecedora de todas las gracias, como madre nuestra y de todos, por lo que en su palio no hay miras hacia la justa medida; así, su profusa candelería irradia de luz el bello rostro de la Señora, luz de candelería que tanto exalta el soleano, soledaero, soledadero o como bien gusten llamarlo, porque ver a la Soledad iluminada por lal luz de las velas de su paso de palio es sentir escalofrío en la negra noche del Viernes Santo.
La Sociedad Filarmónica de Pilas, acompañó fiel a su compromiso con la Hermandad desde hace décadas, al paso de Nuestra Señora de la Soledad, que fue magníficamente portado por sus hermanos costaleros, que supieron dar lo mejor de sí para que la Virgen se pasease por su pueblo como Ella sólo lo sabe hacer, derramando gracia por doquier, al son de marchas más o menos acertadas según el gusto del espectador, porque se sabe, porque se quiere y porque se puede en esta noche mágica, donde ni las lágrimas del dolorido llanto se atreven a manchar el dulce y delicado rostro de la bendita imagen de la guapa Soledad, tierna y perfumada rosa de pasión del Aljarafe sevillano.
Todo se va consumiendo ... Pasadas las tres de la madrugada del Sábado Santo la Virgen llega tras una triunfal procesión a su Templo, acompañada de su nutrido grupo de fieles devotos que, cangregeando ante su palio, piropearon a la Soledad durante el último tramo de la procesión, y es que llegando a la "calle Sevilla" los costaleros relentizan el paso, se suceden petaladas a la Virgen, los pileños se resisten a la entrada de la Soledad, la calle se alarga como no dejándola ir para que le dure más tiempo la blandura de su carga. Y a lo lejos, la torre de su Parroquia, celosa, espera impaciente la llegada de su guardiana que llenó de luz la oscuridad del templo cuando penetró en el mismo, entre fervorosos aplausos y una última oración a María Santísima en su Soledad, Señora del dolor y del desconsuelo, que aún con aniñado rostro, sufrió el mayor dolor de la vida, y es por ello por lo que sus hijos los pileños le miman, le mecen, le piropean, y le dan lo mejor de cada uno, porque en la noche del Viernes Santo sólo hay una reina, la Soledad de Pilas, ni más ni menos.
Texto: Víctor M. Mudarra Fuentes.
Fotografías: Rosario Moreno Quintero.
