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Cosas que hacer en Sevilla. Subir al techo de la Catedral


 Francisco Santiago. Una de las visitas más desconocidas para el propio sevillano y visitantes en general, es la visita guiada al techo de la Catedral, o a sus múltiples terrazas o azoteas, que son las que conforman el mismo.

El acceso se realiza por la Puerta de Campanillas, donde el guía nos llevará hacia el Monumento a Cristóbal Colón accediendo por una estrecha puerta a la escalera de caracol que nos llevará al cielo catedralicio.

La traza maestra es lo primero que nos comenta el guía, plano dibujado en el suelo de las terrazas que era seguido por los arquitectos para ir realizando los distintos elementos catedralicios y que aún hoy se tienen en cuenta a la hora de reformas. Pues los mismos eran las plantillas a escala de donde tendrían que salir los distintos elementos. Y eso que en el siglo XVIII se perdieron muchos de los mismos al cambiar parte de la pavimentación de las terrazas.

 Fue a partir de 1995, cuando se comenzó a estudiar estos dibujos, que por entonces no dejaban de ser incisiones en la solería cerámica que cubren las bóvedas de las naves laterales y capillas. Estas trazas son el único elemento del modo de construcción gótico que ha quedado, pues no existe documentación escrita sobre la construcción son posteriores a la misma.

Las azoteas, fueron rellenadas con vasijas, para solventar el problema del peso a la hora de su construcción, creándose al unísono una cámara de aire para facilitar el desagüe. En ellas encontramos numeroros orificios tapados que hacen las veces de respiraderos para la Catedral y a su vez para sujeción de elementos como lámparas colgantes.

Una vez realizada la visita exterior, la bajada se hace por el triforio, que nos pone a la altura de las vidrieras superiores y a los ángeles que rematan el órgano, dándonos una visión espectacular del exorno del techo o del Cristo del Millón, tan cerca y tan lejos a la vez, concluyendo con la salida al Patio de los Naranjos.

Si impresionante es el interior y el exterior de este templo a pie de calle, la visita al techo catedralicio nos llevará a un mundo totalmente distinto, una visión ejemplar de cómo era el trabajo de los arquitectos, canteros o vidrieros, un paisaje que se ha recuperado para la ciudad gracias a los trabajos de restauración y conservación que se han venido realizando desde los años 90 del pasado siglo XX.

Fotos: Francisco Santiago










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