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Carta abierta al pregonero de las Glorias de 2019. Juan Manuel Labrador Jiménez


Hoy es tu día, Manuel. Ya se ha cumplido el tiempo. Lejos queda ese lunes 15 de octubre de 2018 en el que el secretario del Consejo General de Hermandades y Cofradías te telefoneó para comunicarte que el presidente quería hablar contigo. Y te espetó la noticia: la junta superior, en la reunión de su sección letífica, te había designado pregonero de las Glorias de Sevilla para el año 2019. Se aceleró tu corazón. Brotaron lágrimas de emoción entre los tuyos. Miles de abrazos. Innumerables llamadas. Cientos de mensajes mediante redes sociales. Y esa misma noche acudí presto a fundir nuestros corazones y cederte el testigo que un año antes me legó nuestro querido Miguel Andreu Fernández.

He tenido la suerte de que mi sucesor seas tú, gran amigo donde los haya, compañero de tertulias, inquietudes e ilusiones. Gracias por haberme permitido ser tu lazarillo y dejarme que te guíe por la travesía del protocolo nunca escrito del pregonero de las Glorias. Han ido cayendo los meses del calendario, y con él se iban descontando los días hasta llegar a este 26 de abril de 2019 que jamás se borraba de tu mente.

Sé que hoy vas a regalarle a Sevilla lo mejor, lo que te ha salido desde lo más hondo del alma. Hoy harás felices a tus padres, a tu hermana, a tus sobrinos, a tus amigos, a tus hermanos mercedarios, macarenos y de la Corona... Y a todos los cofrades que te queremos. Y cuando te posiciones en el atril y apoyes en él tus manos, volverás a sentirte como aquel niño de siete años que escuchaba el pregón de su tío José Antonio bajo la presidencia de mi blanca Virgen de las Nieves. Han pasado diecisiete años desde entonces, y esas mismas Nieves se han licuado hasta hacerse gota temblorosa de Rocío que como tímido arroyo ha llegado a la catedral desde la Macarena. Y sobre su simpecado, la Blanca Paloma velará por ti desde su deslumbrante carreta de plata.

Sabes que estamos todos contigo... Tus antecesores, que te queremos y animamos y te brindamos desde ya nuestra primera ovación, como aquella noche de enero en la que nos reunimos en El Rinconcillo en tu honor para ofrecerte nuestro aliento... Están las propias hermandades de Glorias, que durante estos meses han estado pendiente de ti ofreciéndote carta, oraciones y diversos presentes que siempre conservarás con cariño, y que seguirán atentas a tu persona hasta que el próximo otoño se elija la nueva voz que tome el pulso a ese añorado y especialísimo ambón catedralicio. Y sobre todo está la Virgen, aquella a la que veneras en su Santo Rosario y en sus Mercedes, mas sin olvidar que Ella, asimismo, te infunde toda su Esperanza.

Agárrate al atril, y busca los ojos de Ana. No sentirás mayor seguridad que cuando halles su mirada atenta bajo las naves del mayor templo metropolitano. En cada aplauso, mira a tus padres y a tu familia, que te devolverán guiños y sonrisas y aliviarán la dulce carga del cometido que has de cumplir. Y antes de todo eso, mientras la Banda Sinfónica Municipal interprete "La Puerta del Cielo" y "Glorias de Sevilla", recreándote en sus melodiosos compases, busca los rostros de la gente que te quiere y a la que quieres. Y verás, querido hermano mío, que la soledad del pregonero no existe.

Ánimo, querido Manuel Martín Fajardo. Alza la voz, porque tus palabras han estado a buen recaudo en la Puerta Real a las plantas de la Reina que habita en aquel lugar. Y a Ella misma me encomiendo desde Triana como Divina Pastora de nuestras almas para que te guíe con ese cayado que en las manos de tu Madre se hace cetro de oro cual Soberana que Ella es. Y yo, desde este momento, porque sé que lo vas a hacer francamente bien, te felicito. Y en mi enhorabuena sé que se une también José Ignacio del Rey, porque los dos somos tus pregoneros de 2018 al compartir tú con nosotros el triunvirato al haber sido en tu caso el pregonero universitario del pasado año. Hoy nos llevas a los dos cerquita del corazón, y bien sabes por qué. 

Disfruta, sé tú mismo, no temas nada, confía... Y asume que desde esta noche ya serás, para toda tu vida, pregonero de las Glorias de Sevilla.










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