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La Inmaculada, Sevilla … y Europa


Reyes Pro Jiménez. La Virgen Inmaculada, la Pura y Limpia como la llamamos los sevillanos, tan presente en la historia de la Ciudad, puede parecernos que no tenga que ver con Europa. Pero si que tiene que ver… y mucho.

Afortunadamente, para la historia del Arte y para Sevilla en particular, tenemos maravillosos ejemplos artísticos de imágenes de la Inmaculada Concepción de María en todo el mundo católico y sobre todo en Sevilla, donde sólo la enumeración de todas ellas llenaría páginas y páginas.

Solamente pongamos un ejemplo de obra artística y de devoción en Sevilla hacia la Inmaculada: la Pura y Limpia del Postigo, imagen barroca del siglo XVIII, anónima aunque atribuida a Pedro Duque Cornejo, imagen ante la que rezó un Papa y que siempre está dispuesta y visible a la veneración en su capillita, que es la “Catedral” más pequeña del mundo en tamaño pero no en devoción. Imagen que tiene a sus pies las rosas de metal de mi madre, rosas que no se marchitan nunca y que tienen una historia sentimental y sencilla (pues fueron un regalo de mi padre por un aniversario de boda) como la devoción de tantas personas por Ella.

La Pura y Limpia del Postigo con las rosas de mi madre

Como todos sabemos, la devoción a la Inmaculada, a la Pura y Limpia, ha sido importantísima en la historia de Sevilla, en la de sus hermandades y en la de su religiosidad popular, que sostenía la creencia mucho antes de su proclamación como Dogma. Así, tuvieron enorme trascendencia en la Ciudad, sobre todo en los comienzos del siglo XVII, todos los acontecimientos que condujeron desde una creencia popular a un Dogma de fe.

La Catedral de Sevilla celebraba fiesta de la Inmaculada ya en 1369, fiesta que en 1476 el Papa Sixto IV introdujo en el calendario romano. En el año 1503 se había publicado en Sevilla la primera obra en castellano en defensa de la Inmaculada, escrita por Luis de las Casas. La “Regla de Coro” del siglo XVI incluía la celebración de la Inmaculada como culto de primer orden. Grandes personajes de la Sevilla del siglo XVI y el XVII se relacionaron con el tema, como el Arzobispo Pedro de Castro Vaca, el arcediano Mateo Vázquez de Leca, el pintor Francisco Pacheco, el clérigo Juan de Roelas…

Era también una creencia defendida muy en especial por los franciscanos; quienes, según los escritos de Duns Scotto, creían que Jesucristo había impedido que la Virgen tuviese pecado original. Esto no era compartido por los dominicos que seguían la teoría de Santo Tomás en cuanto a que la Virgen en su concepción había sido purificada del pecado no habiendo estado libre de él en el mismo y exacto momento de esa concepción. Fue toda una batalla entre ambas creencias, que duró siglos desde la Edad Media.

El poeta Miguel del Cid, con sus conocidas “Coplas” materializa y pone voz al calado popular, tanto de la devoción, como de las diatribas que se produjeron en su momento y que se manifestaban en dos bandos o tendencias, por ejemplo incluso en votos de sangre de defensa de la creencia en un lado, como en predicaciones en contra de la misma en el otro. Hermandades y frailes franciscanos por una parte, dominicos por la otra… y todo ello mezclado incluso con intereses económicos o de bandos en luchas de poder en la Ciudad.

En 1613 y en el antiguo convento dominico de Regina (que estaba en la calle de igual nombre aunque allí no quede nada de él) durante un sermón a un fraile se le ocurrió decir que la Virgen había sido purificada después pues había sido concebida con pecado original “como todos, como yo y como Martín Lutero”…. la que armó el pobre fraile fue de unas proporciones increíbles: funciones, procesiones… además de movimientos que eran casi revueltas populares y las “Coplas” que hemos mencionado, que tuvieron un inmediato y enorme éxito popular:

“Aunque se empeñe Molina,

y los frailes de Regina,

el Prior y el Provincial,

y el padre de los anteojos

(tenga sacados los ojos,

y él colgado de un peral)

María fue concebida, sin pecado original”

En el año 1615 los cofrades de la hermandad de Jesús Nazareno (El Silencio) hicieron voto de defender la creencia en la Concepción Inmaculada hasta derramar su sangre. Ese mismo año una embajada (una comisión que diríamos hoy), organizada por Bernardo del Toro y el propio Mateo Vázquez de Leca, viajó a Roma con el fin de que se proclamase el Dogma. No alcanzaron este objetivo pero sí lograron que el Papa ratificase la prohibición de predicar en contra de la creencia, mediante el decreto papal “Sanctissimis Dominis Noster”. Al poco tiempo, el 8 de diciembre de 1617, los Cabildos secular y eclesiástico de Sevilla realizaron el voto concepcionista.

Pero ¿es por este hecho por lo que se conmemora la solemnidad de la Inmaculada el 8 de diciembre? ¿Existe otra causa para ello? ¿Por qué precisamente el 8 de diciembre? En primer lugar hay que considerar que si la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María viene de la creencia en que Dios preservó a la Madre de Jesús de pecado original desde su concepción, la fecha para conmemorar el día de la Inmaculada Concepción se señalaría restando nueve meses al día de la celebración del nacimiento de la Virgen, el 8 de septiembre. Ya en un misal del siglo XII (en la Catedral de Sevilla, seguramente traído en la Reconquista en 1248) se señala la conmemoración de la Inmaculada Concepción en ese día. En 1664 el Papa señala el 8 de diciembre para la conmemoración como fiesta de precepto para España (desde comienzos del XVIII lo sería para toda la Iglesia Católica).

En la elección de la fecha también hay que tener en cuenta la relación con el ‘Milagro del Empel’ o Batalla de Empel, que tuvo lugar durante los días 7 y 8 de diciembre de 1585; en esta batalla el Tercio Viejo de Zamora, comandado por el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla, derrotó en condiciones muy adversas al ejercito de los Países Bajos tras conseguir romper un cerco de los holandeses, justo después de encontrar enterrada una tabla flamenca con una imagen de la Inmaculada Concepción. La victoria fue considerada como un milagro gracias a la intervención de la Inmaculada Concepción y desde entonces se la tendría por patrona de los Tercios españoles, la actual Infantería, siendo oficialmente proclamada Nuestra Señora la Purísima e Inmaculada Concepción como Patrona del Arma de Infantería por medio de una Real Orden de 1892, firmada por la reina regente María Cristina. Ya en el año 1761 se había proclamado la Inmaculada Concepción patrona de España y las Indias.

El milagro de Empel por Augusto Ferrer-Dalmau (2015).
Academia de Infantería en Toledo

Así vemos que todo fue muy despacio: aunque la festividad se celebraba en España desde tiempos medievales y el fervor por la Inmaculada tuvo uno de sus momentos más álgidos en la Sevilla de comienzos del siglo XVII, a pesar de tantos años de gozar de una gran devoción popular, la Concepción Inmaculada de la Virgen María no fue declarada como Dogma por el Vaticano hasta 1854 por el Papa Pio IX, mediante la Bula “Ineffabilis Deus”.

Es importante recordar que esta conmemoración tiene el máximo grado dentro de las celebraciones de la Iglesia católica (solemnidades, fiestas, memorias), las solemnidades son equiparadas a los domingos, con liturgia de lecturas, oraciones, etc. propias. Hoy celebramos los días 8 de diciembre la Inmaculada Concepción, como una de las tres solemnidades litúrgicas de la Virgen (son: Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, además de la Anunciación que es conjunta con el Señor).

La representación artística de la Inmaculada ha tenido también larga trayectoria y por tanto ha pasado por distintas etapas cada una con elementos y formas características.

En palabras de Francisco Pacheco (1564-1644), que además de pintor fue el tratadista y teórico del arte más influyente en su época, existió una fórmula “antigua” que representaba a la Virgen con el Niño en brazos y que estuvo vigente durante todo el siglo XVI e incluso a comienzos del XVII, y la “moderna” que representaba a la Virgen sola y muchas veces acompañada de los símbolos de su concepción inmaculada como “Tota Pulchra” y de las letanías lauretanas (espejo, torre, fuente…).

Para la iconografía de la Inmaculada, para su representación plástica, tuvo gran trascendencia el tema de la Virgen del Apocalipsis (en el libro de la revelación del Nuevo Testamento ,12:1, 2 y 5, se describe a la Mujer del Apocalipsis) según la visión del evangelista San Juan en Patmos, que la tradición católica ha identificado con la Virgen María, con la Inmaculada Concepción, coronada con estrellas según la visión del evangelista. Por ello como motivo iconográfico relacionado, la Virgen suele representarse con una corona o círculo de estrellas, que también puede considerarse metáfora de la inmortalidad, de la armonía y la unidad.

 

BANDERA EUROPA

¿Cuál es la relación con Europa de lo que llevamos narrado?: Simplemente que el origen de la bandera europea está en la iconografía de la Inmaculada. Aunque muchos europeos incluyendo a comisarios, eurodiputados y representantes no lo saben, la bandera europea se basa en la iconografía de atributos de la Inmaculada Concepción, concretamente en su corona de estrellas.

La bandera europea consta de doce estrellas doradas en forma de círculo sobre un fondo azul. El número doce simboliza perfección y plenitud, lo que también nos dice la página web de la Unión Europea: "El número de estrellas no tiene nada que ver con el número de Estados miembros. Hay doce estrellas porque, tradicionalmente, representa el símbolo de la perfección, lo completo y la unidad. Por lo tanto la bandera no cambia con las ampliaciones de la UE". Las estrellas no representan países, como algunos creen quizás influenciados por la de EEUU que si representa sus estados, uno por cada estrella. Las estrellas europeas simbolizan los ideales de unidad, solidaridad y armonía entre los pueblos de Europa y el color azul el cielo de Occidente.

Esta bandera europea, adoptada por el Consejo de Europa y por la Unión Europea es el símbolo de la unidad y la identidad de Europa en su sentido más amplio, pero aunque no tenga significado religioso para los organismos y entidades europeas, que son organizaciones laicas, la bandera tiene su origen vinculado a la iconografía de la Inmaculada Concepción.

El Consejo de Europa, organismo creado tras la Segunda Guerra Mundial para promover la democracia y los derechos humanos, convocó un concurso de ideas en agosto de 1950 para el diseño de una bandera que lo representase, concurso al que se presentaron más de cien proyectos. Hubo propuestas de varios tipos, como una bandera con un círculo amarillo, una cruz roja sobreimpresionada sobre fondo azul, otra con una « E » mayúscula sobre fondo blanco (de esta alguien comentó: «¡Si parecen unos calzoncillos puestos a secar sobre un prado!». Otra propuesta más de bandera con ocho anillos entrelazados (de la que un diplomático italiano dijo: “dan ganas de marcar un número de teléfono!» por su parecido con un teléfono de la época).

El jurado o comité del concurso cuyos representantes principales fueron Rober Bichet, vicepresidente del consejo, Fritz Erler y Karl Wistrand, además de otros tres expertos heráldicos, redujo finalmente el número de opciones a dos diseños. Uno fue creado por Salvador Madariaga quien sugirió una constelación de estrellas sobre fondo azul, posicionadas según las capitales de los estados miembros, con una gran estrella para la situación de Estrasburgo la sede del Consejo. La segunda opción era una variante sobre la primera del pintor Arsène Heitz, quien trabajó en el servicio postal del Consejo de Europa. El diseño de esta bandera era similar al propuesto por Madariaga, pero en lugar de una constelación, las estrellas estaban dispuestas en un círculo. Al final resultó ganador por unanimidad el diseño de doce estrellas doradas de cinco puntas, equidistantes y colocadas en círculo sobre fondo azul, diseño que destacaba por su fuerza expresiva y su simplicidad. El proyecto decía: «una bandera sobre cuyo fondo azul del cielo de Occidente, las estrellas de oro representan a los pueblos de Europa y forman un círculo en señal de unión». 

En 1983 la bandera sería adoptada por el Parlamento Europeo, todas las instituciones europeas las Comunidades Europeas y todos los dirigentes de la UE la utilizan desde 1986 (26 de mayo) como el emblema oficial, es así el símbolo de unión de los estados europeos. Posteriormente la Unión Europea desde el 7 de mayo de 1992 adopta la bandera, incluyéndose en las instituciones, actos y documentos oficiales. El Consejo de Europa (que es una organización política independiente de la Unión) desde 2009 usa un emblema propio pero basado en la misma bandera, a la que añade una “e”.

El diseño de las doce estrellas había sido presentado, como decimos, por el francés Arsène Heitz, vecino de Estrasburgo. El presidente del jurado que era judío convertido al catolicismo y el director del Servicio de Prensa del Consejo de Europa, Paul Michel Gabriel Lévy, que tenía el encargo de llevar a buen puerto este proyecto como responsable de gestión del proceso de diseño también católico, por lo que estarían enterados del simbolismo bíblico relacionado con el número doce.

Según declaraciones de Lévy, no había inspiración religiosa en el diseño de bandera, pero en 1987 en una entrevista en su casa del número 24 de la calle de l’Yser de Estrasburgo, el propio Arsène Heitz, un hombre de profundas convicciones religiosas, reveló que su inspiración había sido la corona de doce estrellas de la Mujer del Apocalipsis, la iconografía tradicional con la que se representa a la Inmaculada Concepción de María. Concretamente lo dijo en una entrevista en la que manifestó que su inspiración había sido la referencia en el Libro de Apocalipsis: “Y apareció en el cielo una gran señal: una mujer resplandeciente, como vestida por el sol, y la luna bajo sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas” (Apocalipsis 12: 1).

Vidrieras de la Catedral de Estrasburgo, de www.all-free-photos.com.

Heitz conocía las vidrieras de la Catedral de Estrasburgo (que curiosamente años después sería el primer edificio donde ondearía la bandera) en las que aparecía la Virgen María coronada de estrellas sobre fondo azul: «… me di cuenta de que ni las estrellas ni el color azul eran propiamente símbolos religiosos, pero a la vez eran profundamente cristianos y así respetaba las conciencias de todos los europeos, fueran cuales fueran sus creencias». Así que el azul y la corona de estrellas se convirtieron en los elementos de su propuesta.

También Heitz explicó que en la época que realizó el diseño había leído historias de las apariciones de la Virgen, en especial la historia de la Virgen de la parisina rue du Bac, y ello le llevó a reforzar su idea de doce estrellas en círculo, las mismas que lucía la Milagrosa de París.

La Inmaculada Concepción de Rue du Bac de París

Arséne Heitz no desveló a la comisión del concurso el origen bíblico del símbolo pero sostuvo que el número doce era, según la sabiduría ancestral y la simbología antigua, un símbolo de la plenitud y la perfección y también de la perfección de gobierno.

Es cierto que el número Doce se encuentra como múltiplo en todo lo que tiene que ver con gobierno en la Biblia. Es usado 187 veces en la Biblia, 22 de ellas en el libro de Apocalipsis. En el Antiguo Testamento: hubo doce patriarcas desde Sem hasta Jacob, doce tribus de Israel, doce piedras en el pectoral del sumo sacerdote, doce panes de la proposición debían ser colocados en el Lugar Santo, doce piedras fueron tomadas del río Jordán, doce espías fueron enviados por Moisés a la tierra de Canaán… En el Nuevo Testamento: Los doce apóstoles, los doce cimientos de la Jerusalén celestial, las doce puertas, las doce perlas, los doce ángeles…

Vidriera moderna en la Catedral de Estrasburgo, con las estrellas de EUROPA

La mayoría de los fundadores de la Europa unida, Konrad Adenauer, Jacques Delors, Alcide de Gasperi y Robert Schuman, también eran católicos. Curiosamente la Primera Ministra británica Margaret Thatcher, de confesión protestante, afirmaría en más de una ocasión que la Unión Europea era una conspiración católica.

Los motivos de la elección de las doce estrellas los explicaron el ministro francés de Exteriores, Robert Schuman, y el canciller alemán, Konrad Adenauer, quienes tuvieron que esforzarse en vencer las reticencias cartesianas de quienes no entendían por qué las estrellas tenían que ser doce si los Estados miembros eran seis. Explicaron que el doce era un guarismo de plenitud en la Grecia clásica y Roma (y citaron los doce trabajos de Hércules y las doce Tablas de la Ley romana), judío (las doce tribus de Israel) y cristiano (los doce apóstoles). Sobre esa herencia grecorromana y judeocristiana proponían construir la nueva Europa.

De forma intencionada o casual, los representantes del Consejo de Europa aprobaron el diseño de Heitz precisamente el 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción de María. Parece que fue el único día en que coincidieron las agendas de los jefes de Estado.

La bandera europea de las doce estrellas fue concebida con la intención de representar a Europa en su sentido más amplio, y se ha convertido en un símbolo del europeísmo, de la pertenencia común de los ciudadanos a la Unión Europea y de su relación con ésta. Encarna nuestra civilización, nuestra cultura, el sistema democrático, la esencia de nuestra historia y nuestra perspectiva de visión para el futuro dentro de la divisa de la Unión Europea: «Unida en la diversidad».

Reyes Pro Jiménez

Historiadora, archivera y bibliotecaria










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