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Dos cogidas y muchos silencios. Álvaro Pastor Torres


Guardiola Fantoni/ Velázquez, Giménez y Cabello.

Cinco novillos de Hrdos. de D. Salvador Guardiola, bien presentados, variados de lámina, cumplidores con los montados, flojos y parados en el último tercio, y un sobrero (1º bis) del Conde de la Maza, con genio.

Javier Velázquez, de turquesa y oro; bajonazo trasero y cuatro descabellos (silencio tras aviso); dos pinchazos y estocada corta (silencio); dos pinchazos y media estocada (silencio), y tres pinchazos y estocada baja (silencio)

Miguel Giménez, de berenjena y azabache; cogido por su primero.

Juan Carlos Cabello, de aguamarina y oro; pinchazo y media estocada (silencio), y estocada rasera (ovación y saludos tras aviso).

Plaza de la Real Maestranza. Vigesimoprimer festejo de abono. Casi media entrada en tarde calurosa. Saludaron tras parear José M. Montoliu, Sergio Díaz, José Otero, Antonio García y Daniel Duarte, que también estuvo bien en la brega.

   

Álvaro Pastor Torres. Ni en el mejor de sus sueños –o en la peor de sus pesadillas- se podía imaginar el novillero Javier Velázquez que iba a tener que matar cuatro novillos en la Maestranza. Pero las cogidas de Giménez en el segundo (25 centímetros en el muslo derecho, pero calificada de menos grave) y Cabello en el quinto (en el gemelo izquierdo) propiciaron que el algabeño saliera solo por la puerta de cuadrillas al acabar el largo y deslucido festejo. Y por su propio pie, lo que ya tiene su mérito. Poco pudo sacarle a los guardiolas y algo más al sobrero condeso. Mal siempre con la espada. En su haber apenas quedan un par de pases de pecho.

   

El valenciano Miguel Giménez traía vitola de artista y venía vestido como tal –alguno podrá decir que más bien de banderillero con chaleco de oro, y también sería verdad- , pero poco pudo demostrar, si acaso un ceñido quite por chicuelinas al que abrió plaza, pues fue cogido al iniciar por estatuarios su primera faena, que había brindado al respetable. Tras prenderlo certeramente en el tercio el utrero se lo llevó bajo el estribo de la barrera donde se cebó con él en unos interminables segundos. Pasó a la enfermería en brazos de las asistencias.

  

José Carlos Cabello, que anda bien delante del toro, firmó lo mejor de la deslucida tarde, aunque el público no se lo agradeció en virtud a sus méritos. Habrá que recordarle a los nuevos aficionados que las ovaciones a los toreros se dan una vez arrastrados los astados. Decidido y variado con el capote el malagueño. Estuvo valiente y encimista con el flojo tercero, que cada vez se quedaba más corto. Al quinto, un tío, lo entendió mejor por el pitón izquierdo, y cuando la faena declinaba, al intentar adornarse, fue alcanzado con certeza en la zona inferior de la rodilla. A pesar de ello prosiguió en el ruedo hasta matarlo.

Publicado en del diario El Mundo el 18/05/09

Fotos: Álvaro Pastor Torres.










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