La belleza que enseña a rezar ante la Angustia de los Estudiantes
Fco Javier Montiel. La capilla de la Universidad vuelve a convertirse, en los días de triduo, en un refugio de oración y recogimiento. Ante su altar mayor, María Santísima de la Angustia de los Estudiantes se alza como centro y razón de todas las miradas, presidiendo un montaje que no busca el exceso, sino la elevación del alma a través de la belleza ordenada y el simbolismo.
La imagen de la Virgen aparece entronizada con serena majestad, envuelta en un exquisito manto de ricos bordados que dialoga con la arquitectura dorada del retablo. La corona, resplandeciente, no es solo signo de realeza, sino de una maternidad dolorosa aceptada con fe. El rostro de la Señora, inclinado suavemente, parece invitar al silencio interior, a esa oración que no necesita palabras cuando el corazón habla.

El altar se estructura en torno a una cuidada y solemne candelería de cera blanca, dispuesta con simetría casi litúrgica. Las velas, erguidas como en oración, proyectan una luz cálida que envuelve a la Virgen y suaviza el conjunto, creando un ambiente íntimo, propicio para la contemplación. Nada sobra. Nada distrae. Todo conduce a Ella.





A los pies del altar, la plata labrada aporta un brillo sobrio y elegante, recordando la tradición universitaria y cofrade que custodia esta devoción. Los exornos florales, en tonos claros, aportan frescura y equilibrio, subrayando la pureza y la delicadeza del mensaje mariano sin restar protagonismo a la imagen titular.







Delante del retablo donde habitualmente recibe culto María Santísima de la Angustia, se alza en estos días el Santísimo Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes, presidiendo el conjunto con sobrecogedora solemnidad. El Crucificado aparece elevado sobre el altar, recortando su silueta sobre el dorado del retablo, en un diálogo directo entre la madera oscura de la cruz y el resplandor barroco que la envuelve. A ambos lados, la candelería sobria y los exornos florales de clavel rojo subrayan el carácter austero del misterio, poniendo acentos de pasión y entrega. El Señor, muerto en la Cruz, se presenta como centro teológico, recordando a cuantos se acercan que toda Angustia nace y se comprende a los pies de la Buena Muerte redentora.

Este altar de triduo no es solo un ejercicio estético. Es una catequesis visual. En la capilla universitaria, María Santísima de la Angustia se presenta como Maestra silenciosa para quienes estudian, rezan o simplemente buscan un instante de paz. En su Angustia caben todas las nuestras, y ante Ella, una vez más, la Universidad se hace oración.
Fotos: Fco Javier Montiel
