En María Santísima de los Dolores del Cerro del Águila la iglesia se une por los trasplantes
Arte Sacro. Esta tarde, a partir de las 20:00 horas, la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores en Cerro del Águila será templo de agradecimiento y de oración profunda. Allí se celebrará una Santa Misa ofrecida por las personas trasplantadas, sus donantes y sus familias, un gesto de fe que brota desde la convivencia entre la vida entregada y la vida recibida.
La celebración litúrgica convoca a quienes han conocido el misterio de la cruz desde dos lados distintos: los que han sufrido la fragilidad de la enfermedad y han visto renacer su vida gracias a un trasplante; y los que, en un acto de amor generoso, ofrecieron parte de su propio cuerpo para que otros pudieran vivir. A todos ellos la comunidad parroquial les elevará su acción de gracias a Dios en un momento de profunda espiritualidad.
Al concluir la eucaristía, y como signo de luz y esperanza, se encenderá ante la Santísima Virgen un cirio especial dedicado a los donantes de órganos. Este cirio, pintado para este año por la hermana Carmen Moreno Martínez, licenciada en Bellas Artes, será llevado, Dios mediante, el próximo Martes Santo en la candelería del paso de Nuestra Señora de los Dolores.
El símbolo del cirio no es un adorno más. Representa, en palabras tomadas de la expresión profunda del Cardenal Fray Carlos Amigo Vallejo, la vida que vive en mí. Esa frase ha unido desde hace años a muchas hermandades y cofradías con la causa de la donación de órganos, como signo cristiano de entrega, solidaridad y vida compartida. Desde su primera aparición en el paso de María Santísima de la Amargura en 2008, este gesto devocional se ha ido extendiendo en Sevilla como un testimonio de fe que transforma corazones.
El acto de este jueves no es solo una misa más en el calendario cuaresmal. Es un momento para reconocer, con humildad, que cada trasplante es una historia de amor y misericordia, que habla del sacrificio, de la familia que acompaña, de la ciencia al servicio de la vida, y sobre todo, de la mano de Dios que sostiene a cada persona en su fragilidad. Que María, bajo su advocación de los Dolores, cubra con su manto maternal a quienes han dado y a quienes han recibido.
Fotos: Fco Javier Montiel
