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La Historia al completo. José Cretario. ABC


En esa práctica de buscar en verano la cosecha que traerán los meses que nos separan de la próxima Semana Santa, encuentro algo de lo que sin lugar a dudas hablaremos, no sé si mucho o poco durante el año que viene. Tan pendiente y tan orgulloso como está el mundo de las cofradías de su historia, en 2007 se cumplen aniversarios redondos de dos hechos que marcaron aquellas Semanas Santas tan convulsas de la segunda República.

El primero en llegar, el 24 de marzo, será el memorial de la mítica salida de la Estrella en 1932 y el segundo, días después, el 8 de abril, el recuerdo del incendio provocado que destrozó el templo de San Julián e hizo cenizas la imagen de la Virgen de la Hiniesta. En un tiempo en el que el rescate de la memoria, a veces noble, a veces interesado, es el pan nuestro de cada día, hay dos hechos históricos cofradieros, de carácter dispar, que están a punto de llegar a una esquina del calendario iluminada por focos.

Ni en un caso ni en el otro conozco cómo se va a recordar. Es más, tan siquiera se conoce si unos hechos que marcaron la vida de estas dos cofradías y por extensión de la Semana Santa en su conjunto se van a recordar de una manera más o menos especial. Más que por una cuestión retórica, que también, este tipo de efemérides no son ni mucho menos infértiles. Cada vez que unos ojos nuevos miran los acontecimientos surgen nuevas certezas, nuevos datos que bien complementan los que ya conocemos o destronan algunas mentiras históricas que nos han contado de aquello. ¿Por qué salió la Estrella? ¿Con que fin quemaron San Julián? ¿Como se tramó aquel boicot de las cofradías que dejó a la ciudad sin Semana Santa durante dos años? ¿Dónde, en la sede de qué partido o sindicato se daban las instrucciones para que no cesara el hostigamiento a las hermandades y por consiguiente a la Iglesia?

Son dudas que 75 años después siguen en el aire. Y lejos de abrir heridas, el conocimiento, la verdad lo que hace es simplemente cerrarlas. Hágase lo que se haga los dos hechos que en 2007 cumplirán tres cuartos de siglo suponen dos hitos en nuestra singladura contemporanea sobre los que merecería la pena abundar. La historia, sin duda, lo agradecerá.









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