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El otro pregón. Javier Rubio, redactor-jefe del Mundo de Andalucía


¿Elegiría usted para dar un pregón en Sevilla a alguien incapaz de pronunciar las erres, de elocuencia más que limitada, marcado de por vida por el asesinato de su hermano, de inconfundible ascendencia materna judía y con pinta de haberse peleado para siempre con el peine? Si es de los que contestan sí, coincide en su aceptación con los caballeros de la Real Maestranza , que no han encontrado en el planeta de los toros a otro para pregonar la feria que al actual Defensor del Pueblo, ex ministro de Justicia, diputado en varias legislaturas e histórico dirigente socialista vasco Enrique Múgica Herzog. Si con tal perfil lo eligen a uno para dar un pregón en Sevilla, entonces es que los esquemas mentales con que nos quieren encorsetar las neuronas ya no valen para nada.

Claro que para darse el lujo de traer este año a un político aficionado a los toros –los de la política nacional no los ve desde la barrera, sino que se abre de capa en terrenos de contraquerencia–, antes hay que haber macizado la nómina de pregoneros con nombres tan ilustres como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes , Bartolomé Benassar, Fernando Savater , Albert Boadella o Andrés Amorós. Y también Manuel Olivencia, Ángel Peralta, Vicente Zabala o Pedro Romero de Solís de entre los más cercanos aficionados al arte de Cúchares. Con semejante orla de honor, los maestrantes pueden permitirse de vez en vez hasta una extravagancia, una chifladura o como quieran llamarlo. Pero todavía no se ha visto al secretario de la corporación maestrante de pregonero un año y al tesorero al siguiente.

Que todo esto lo promuevan unos maestrantes capaces de ceder su grandeza aristocrática para encumbrar al pregonero no deja de ser una terrible contradicción con esa Sevilla empequeñecida que no ve más allá de lo que tiene delante y que sólo aspira a perpetuarse por la cansina repetición de las costumbres aunque no tengan detrás más que unos años de vida y el cartón piedra de la fachada.

Estábamos dándole vueltas todavía a la elección del pregonero de la Semana Santa , a sus traiciones cainitas y a sus envaradas cavilaciones cuando Alfonso Guajardo Fajardo, teniente de hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería, nos ha bajado de las nubes. Enrique Múgica podrá dar un pregón mejor o peor –tampoco es Castelar–, con más o menos acierto, pero nadie le va a negar a los maestrantes sevillanos la oportunidad de convocar de su parte al Defensor del Pueblo en unos momentos en que las amenazas a la fiesta de los toros han pasado de ser pura retórica a certidumbre de momento aplazada.

Con su sostenida sabia elección, que también se puede hacer extensible a la colección de cartelistas por muy malogrados que hayan podido salirle algunos, la Maestranza ha conseguido hacer del pregón un acontecimiento relevante no sólo para los sevillanos, no sólo para los aficionados y, desde luego, no sólo para los convencidos. Elevando el nivel de los oradores, es la propia fiesta pregonada la que se eleva a unas cimas de excelencia y protagonismo de las que andamos, lamentablemente, tan escasos.

javier.rubio@elmundo.es

Nota: Publicado hace unos días en el diario El Mundo










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