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El análisis de Carlos Navarro Antolín sobre la ampliación de la nómina de la Semana Santa. Diario de Sevilla.


Las sombras de una ampliación por Carlos Navarro Antolín

El pleno de la noche de lunes encierra varias claves. Algunas de ellas han sido admitidas por el propio Consejo el día posterior a la celebración. Al sacar adelante la propuesta de admisión de dos nuevas cofradías en la nómina de la Semana Santa (el Carmen Doloroso y el Cautivo del Polígono de San Pablo) la institución cofradiera se anticipa a cualquier decisión que hubiera tomado el Arzobispado respecto al futuro modelo de la principal fiesta religiosa de la ciudad. El diseño de la Semana Santa queda así en manos de los hermanos mayores y no de la autoridad eclesiástica, que ahora, si cumple lo prometido públicamente, se debe limitar a dispensar del cumplimiento del precepto número 53 de las Normas Diocesanas de 1997, que restringe a 57 el número de cofradías que van a la Catedral.

Esta teoría de la anticipación no es nada insustancial si se tiene en cuenta el gusto del Arzobispado por intervenir en materia cofradiera sin previo aviso, como refrenda el caso reciente de la Resurrección –en la que el presidente amagó con dimitir en plena cuaresma si la jerarquía eclesiástica no daba marcha atrás– o la imposición de la igualdad en las reglas de varias corporaciones, practicada por mensajero en el verano de 2000. “Tenemos que autogestionarnos todo lo que podamos en previsión de baculazos ”. Las guerras de poder están de nuevo como telón de fondo.

El expediente de la ampliación ha salido adelante. Efectivamente. Pero lejos de hacerlo por unanimidad o por la vía del consenso –que hubiera sido un requisito casi obligado en esta materia– lo ha hecho con una contestación muy considerable. Ampliar la Semana Santa con casi un 45 por ciento de hermanos mayores que, o bien han votado en contra, o bien no han apoyado la iniciativa, no es ni mucho menos el escenario soñado. 

En los 22 votos en contra de la incorporación de nuevas hermandades (el 33 por ciento del censo) se evidencian cuatro corrientes de opinión a tener muy en cuenta. Primero, los egoístas a los que sólo les inquieta que ninguna de las dos nuevas hermandades sea asignada a su jornada. Segundo, los puristas, defensores de que la Semana Santa debe quedarse tal como está. Son los enemigos declarados de cualquier cambio. Tercero, aquellos a los que, básicamente, no les gustan las dos cofradías propuestas, con una visión especialmente crítica con el Carmen Doloroso. Y cuarto, los defensores del agotamiento del actual modelo de Semana Santa, por falta de espacio y tiempo. Este diagnóstico no admitiría la incorporación de nuevas hermandades, sobre todo porque sus promotores recuerdan que las restantes siete hermandades de vísperas podrían tener algún día la misma aspiración.

Si a este 33 por ciento de rechazo expreso de la ampliación se suman los siete votos en blanco y el sufragio nulo, se alcanza el 45 por ciento aludido. Quizás por este motivo, de forma interesada, el propio Consejo no explicó con claridad en los días previos al pleno si la reforma planteada requería de mayoría absoluta o de mayoría simple. Alguien debería haber expuesto que lo que necesitaba un cambio de estas características y de esta envergadura era consenso. Y, en ningún caso, la escenificación de tantas diferencias.

La misma junta superior, que  se considera legitimada para firmar convenios económicos que comprometen fuertemente las arcas del Consejo, bien podría haber movido los hilos necesarios durante el tiempo conveniente para que una reforma de este calado gozara de un altísimo grado de consenso. La herramienta de la que se ha debido hacer más uso es la gestión, que ha hecho tanta falta como ha sobrado la escenificación de tantas diferencias. Precedentes hay. Cuentan las crónicas que la Hermandad del Cerro del Águila  fue  acogida por unanimidad en 1989 y que especialmente cálida fue la bienvenida que le tributaron las hermandades del Martes.

Si alguien duda de que esta reforma no es del suficiente calado como para exigir un alto consenso,  o que se circunscribe a los intereses de los sectores exclusivamente capillitas, basta tener en cuenta la rápida reacción del gobierno de la ciudad para asumir como propios los valores de aperturismo e integración que se le suponen a esta iniciativa. Es una prueba de que el asunto trasciende más allá de las túnicas y los capirotes. Así lo expresó ayer el concejal de Presidencia, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis (PSOE): “El gobierno de la ciudad se alegra por la acogida de estas dos hermandades en la Semana Santa , lo que nos parece un acierto. Es una satisfacción que la Semana Santa crezca por donde lo hacen los barrios de la ciudad. Particularmente –añadió– me alegra el caso del Polígono de San Pablo, como vecino que soy del barrio, que no deja de ser el centro geográfico de la ciudad”.

La Semana Santa crece de nuevo, pero esta vez lo hace con un 45 por ciento que oscila entre el rechazo y la indiferencia.

 

Cuatro claves

1. ¿Mayoría simple o mayoría absoluta?

El Consejo aseguró en los días previos al pleno que bastaba la mayoría simple para sacar adelante la propuesta. A pesar de esta precisión, el secretario expuso en la sesión que la mayoría absoluta quedaba fijada en 34 votos. Existía un temor a no lograr la absoluta. De hecho, sólo se ha obtenido por dos sufragios.

2. Una intervención muy reveladora

El Consejo no precisa las gestiones efectuadas para integrar a las nuevas hermandades, pero el hermano mayor del Buen Fin interviene y revela que la incorporación del Carmen Doloroso al Miércoles Santo está prácticamente hecha. Algún asistente piensa entonces que todo está “apañado” y que la votación es un mero trámite.

3. La estrategia de la propuesta conjunta

¿Por qué no se ha votado la incorporación de cada hermandad por separado? A nadie escapa que muchos hermanos mayores, dispuestos a allanarle el camino al Cautivo de San Pablo, ven aún con recelo una hermandad tan joven como el Carmen en plena calle Feria. La propuesta conjunta ha sido una estrategia absolutamente clave.

4. La oportunidad perdida era grande

El espíritu de consenso en la incorporación del Cerro del Águila en 1989 se ha perdido. El Consejo ha dejado escapar una oportunidad para demostrar su verdadera capacidad para aunar voluntades entre las hermandades y convencer de que sirve para algo más que para elegir al pregonero y repartir las subvenciones.

Nota: Publicado el pasado miércoles 17 de enero en Diario de Sevilla.










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