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Antonio Cattoni corta orejas y rabo en El Cerro. Juan Manuel Bermúdez Requena


 Nuevamente cautivó el periodista Antonio Cattoni a quienes se congregaron para disfrutar de uno de sus Pregones; en esta ocasión el de la Velá de Nuestra Señora de los Dolores de El Cerro del Águila.

La tarde (más bien noche) no se presentaba fácil para el pregonero; primero porque en estos eventos el lugar no reúne las mejores características para desarrollar un pregón, pues por muy buen equipo de sonido que se utilice, estamos en un escenario al aire libre, colindante además con las casetas del recinto y muy cercano a los “cacharritos” con su típica banda sonora que alterna disco-cani a toda pastilla. Y en segundo lugar porque entre el respetable se aglutinan vecinos de distintas afinidades e ideologías con lo que convencer unánimemente a un aditorio así es difícil.

Pero Cattoni solventó todos inconvenientes cuajando una faena memorable.

Quien modetasmente escribe estas líneas reconoce que acudía con expectación al acto, con muchas ganas de escuchar al pregonero; pues su estilo tanto en la prosa y el verso como en la narración he de reconocer que es muy de mi agrado. Ya me dejó gratamente impresionado en el Pregón de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío del barrio, el pasado año 2008, con pasajes bellísimos y algunas anécdotas de una gracia singular (el episodio de “con Tocina hasta la muerte” en verso es digno heredero contemporáneo de la mejor poesía satírica de Quevedo), nada que ver con los pestiños ripiosos de dos horas que te encaja más de uno.

Ya había sorprendido Cattoni en el Pregón de la Juventud de la Esperanza con un rap, y el jueves en el acto inaugural de El Cerro nuevamente volvió a sorprender la puesta en escena: la primera parte del Pregón se convirtió en el informativo radiofónico “Hora Cerro”, con sus conexiones “en directo”, en un directo que nos trasladaba a la memoria del barrio, al taller de Sebastián Santos en 1955 donde encontrábamos a Don Antonio el Párroco recogiendo la nueva dolorosa, a la explosión del polvorín que cogía imaginariamente a Fran López de Paz montado en el tranvía nº 12, al vado del Quema en los años 80 con el primer camino de la Hermandad del Rocío, etc. Todo ello con su “publicidad” incluida, a base de anuncios de comercios históricos del barrio, algunos ya inexistentes salvo en la retina de los mayores.

Tras una historia legendaria sobre el barrio, concluyó con una sentida poesía y fue premiado con una gran ovación por todos los presentes.  

Enhorabuena Antonio, con el deseo de verte en otros atriles señalados de la Ciudad.

Foto: Juan Alberto García Acevedo.










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