Arte Sacro
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  • miércoles, 18 de septiembre de 2019
  • faltan 200 días para el Domingo de Ramos

Desde El Aljarafe a San Juan de La Palma. Mariano López Montes


Hace una semana que saliste, esta vez por última vez, desde tu Olivares de siempre  hasta San Juan de La Palma donde cada año el Domingo de Ramos tenías tu cita con aquella Señora de La Amargura y con ese tu Señor del Silencio, que junto con tu familia eran el centro y clave de tu vida. Te acercaste a ellos con la confianza, cercanía y devoción hecha sentimiento que siempre le demostraste, no para pedirle salud y hasta el año que viene, como hacías cada año a esas altas horas de la madrugada del Lunes que entra la cofradía, porque en este frio invierno que estamos pasando y casi sin darte cuenta llegaste un año más con tu túnica y en compañía de los tuyos para quedarte ya para siempre.

Hombre, de corazón grande y alma de niño, pícaro divertido y con ciertas dosis de esa “retranca” tan característica de otros cofrades de la casa, amigo con mayúsculas, de sus amigos, crítico con las situaciones, defensor a ultranza de su verdad y de lo que creía y practicaba y poco amigo de todo aquello que supusiera las tan extendidas y practicadas “medias verdades” , o verdades a medias , o políticamente correctas que se dan tanto en nuestro mundo cofrade en general.

Cierto día comentando un tema que en estas líneas no procede comentar, te comenté esa frase en la que tanto creo que dice escuetamente: “Siempre debes de decir tu verdad y lo que piensas, aunque debas lo que digas”. Entre las dos Cruz Campo que nos estábamos tomando y en compañía de ese adoptado que cariñosamente teníamos y que se llama Ambrosio y ese otro que me corresponde a mí en solitario y que los que me conocen saben perfectamente de quien se trata, entre la guasa sana y las risas y algarabía que siempre hemos formado allí donde íbamos, me miraste con esos ojos grandes y la expresión seria que de vez en cuando sacabas y expresando un taco, digno del establecimiento de restauración, como dicen ciertos cursis en la actualidad., exclamaste: ¡Co…qué razón tienes!. Después seguimos hablando y tomando algunas más con el sentido del humor que siempre nos ha gustado, contando una y mil anécdotas como siempre hacíamos.

La muerte, tu muerte porque cada uno tenemos la nuestra sucedió una tarde casi sin darte cuenta en ese momento placido, con el beneplácito de ese sueño consolador que nosotros los andaluces hemos definido como siesta. No es mala forma de irse sin despedirse de nadie y sin deterioro, sufrimientos ni agonías, como un sueño que te transporta a un mundo mejor según los mas creyentes y en el que seguro ya te encuentras gozando de pleno, pero amigo Paco no me llames de momento, aunque me sea muy grata tu compañía, pues yo al día de hoy no tengo ningún interés ni ganas de conocerlo y como además soy poco pretencioso en mis aspiraciones, tampoco tengo prisa en mejorar.

Lo que siempre me admiró de Paco es que como El decía con todo el orgullo del mundo, Yo soy un nazareno de a pie de San Juan de la Palma y es para mí un orgullo llevar mi cirio, acompañar y dar luz a mi Virgen de La Amargura desde siempre.

En estos  momentos que tantos cofrades de todos conocidos se disputan a veces inmerecidamente ciertos puestos o insignias en sitios relevantes, existe algo más grande según mi pensamiento personal que tener la actitud y la filosofía del amigo Paco “Ser por un día nazareno con letras mayúsculas, anularse así mismo, lo que soy, como soy y como me gustaría que me vieran y ser por unas horas un nazareno de Sevilla, seguir caminando en silencio como desde siempre lo hicieron nuestros mayores y portar entre nuestras manos esa llama de fe y tradición un año más por sus calles delante de unas imágenes que aunque tengan el carácter de sagradas son parte sentimental de nosotros mismos.

Que ilusión y satisfacción  amigo, cuando el año pasado pudiste ver a tu hijo Paquito al que todos conocemos desde niño que por primera vez y después de años formaba parte de esos inquilinos que año tras año El bueno de Herodes, porque al final se demostró que no era tan malo como lo pintan, ocupaba una plaza de ese sótano grande y pesado de su palacio andante. Debajo de El, ese Señor de la mirada baja que es despreciado cada Domingo de Ramos, estará tu hijo y espero se te recuerde en esas horas tan especiales que algunos hemos tenido la suerte de vivir y sentir durante muchos años y ya tuvimos que dejar por eso de la cronicidad y los años del DNI. Espero que alguien de los allí presentes se acuerde en esos momentos donde los kilos te llevan a la gloria y lo tienes tan cerca, más que ningún nazareno, que existió alguien tan querido como tú, que nos acompañabas en aquellos ensayos y que por fin parte de tu sangre ha conseguido algo tan maravilloso como ser su costalero.

Amigo Paco me despido de ti con el cariño que te mereces, a tu familia el consuelo que necesitan en estos momentos y damos las gracias por haber tenido la inmensa suerte de conocerte y quererte. Pero la muerte cuando hay amor nunca es muerte para siempre, pues tu espíritu seguirá viviendo en nuestro recuerdo y cada Domingo de Ramos seguirás viviendo en esa fila de nazarenos blancos de cinturón de abacá, cruz de malta en el pecho y andar pausado y elegante. Túnica blanca de atardeceres con el sol aún como testigo, túnicas que se vuelven ligeramente azuladas en esos anochecerés mágicos de esa luz prodigiosa de la primavera cuando el día da paso a la noche., y que tomaran un ligero color dorado amarillento cuando los cielos tomen el color del azabache.

Pero tú Paco seguirás ya para siempre, bajo los pies de esa Señora que allí es Amargura, en tu eternidad de San Juan de La Palma.

 

A la memoria de Paco Castro, mi amigo y hermano en La Amargura.

Fotos: Mariano López Montes










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