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Jueves pastoreños. San Miguel Arcángel: El Mayoral del rebaño de la Divina Pastora. Francisco Javier Segura Márquez


Durante la pasada semana, la Hermandad celebraba la Solemne Función a San Miguel Arcángel, Mayoral Perpetuo del Rebaño de la Divina Pastora, cumpliendo la obligación a la que tradicionalmente estaban acogidos los hermanos del Primitivo Rebaño, que desde la regla fundacional, siguiendo las indicaciones de Fray Isidoro, veneraron al Príncipe de los Arcángeles, haciéndolo aparecer, siempre en las representaciones, tanto gráficas o pictóricas, como escultóricas, siempre junto a la Divina Pastora como podemos contemplar en diferentes representaciones de la iconografía de nuestra Titular. El propio Fray Isidoro, ya desde los primeros párrafos de “La Pastora Coronada”, al describir la iconografía, la concluye con la presencia de una oveja “repentinamente asaltada de un león” a la que “el Señor San Miguel, con su tajante espada la defendió del león y la redujo al Rebaño de su bellísima Pastora”.

 

El Arcángel San Miguel, según la iconografía tradicional, y en el caso de la inmensa mayoría de representaciones vinculada con la Hermandad, se nos presenta “vestido de militar, con casco emplumado, portando una rodela”, en palabras de Mario Ávila Vivar, estudio de la iconografía de los arcángeles. El instrumento con el que San Miguel mata al dragón puede variar, y así encontraremos  espadas o lanzas en la mayoría de las ocasiones. El modelo de la espada es el más antiguo, pero las representaciones en las que porta lanza se han asentado también a lo largo del tiempo como propias del Arcángel, para representar su labor protectora contra el demonio, al que atravesándolo o enfrentándose a él con la espada, lo encontramos siempre.

Así, podemos recorrer en primer lugar las primeras representaciones pictóricas de la corporación. San Miguel aparece, de forma prácticamente idéntica, en el lienzo primigenio de 1703 así como en el Libro que contienen las Reglas fundacionales, iluminado en 1732 por Alonso Miguel de Tovar con las vitelas que hoy día sigue conteniendo. De la misma fecha conservamos la estampa original del Estandarte del Duque de Osuna, el cual, con suma calidad y detalle, vuelve a mostrarnos a San Miguel que, en diagonal desde la izquierda, baja a la tierra para defender a la oveja que ha sido atacada por el fiero león del pecado.

Es en esta estampa donde podemos estudiar mejor la iconografía de San Miguel Arcángel, tomada indudablemente de la que Francisco de Zurbarán crea hacia 1645-1650 portando la espada flamígera y que tiene importantes rasgos en común con el famoso San Miguel de Guido Reni para los Capuchinos de Roma (1636). En torno a él,  Juan de Valdés Leal va a pintar hacia 1655 su versión, hoy en el Museo del Prado, ambos cercanos al grabado de Gillis Rousselet, aportando Tovar la originalidad de representar a San Miguel en pleno descenso, y no ya asentado en tierra firme como el grabado que tanto inspirará a los artistas. Así lo vemos en una lámina popular, probablemente de origen francés, en la que San Miguel, esta vez sí contra un lobo, se dirige a la tierra donde lo extermina portando como lanza un rayo, lo que establece una novedad iconográfica que no se ha repetido en exceso.

El grabado valenciano apostó por una nueva variante ya en el siglo XVIII, concediendo a San Miguel un papel protagonista, mayor del que había tenido en la pictórica tradicional. Así, traemos a este Jueves dos grabados en los que el Arcángel, no sólo ya ha descendido a la tierra, sino que lo vemos en primer plano, junto a la Divina Pastora y a su mismo tamaño y similar proporción, emprendiendo su lucha con el pecado en un lugar mucho más cercano a la Virgen. ¿Qué quiere esto expresar? Posiblemente la cercanía de la Virgen a los pecadores, dado que, en su plano lejanísimo, podría pensarse que la Pastora no sale al encuentro verdaderamente de aquellos que han faltado al amor y a la misericordia de Dios.

 

Sometiendo al demonio e incluso agarrándolo con una cadena para mejor dominarlo, lo vemos en estos grabados, de calidad excepcional por su fino burilado y su gran cantidad de detalles. 

Una variante muy singular también, que nuestra Hermandad ha adoptado para sus impresos y convocatorias, es la de San Miguel portando una lanza que se ha revestido con un estandarte a modo de bandera recogida. Así, el ángel es, no sólo enviado de Dios, sino también su abanderado y representante.

 

Habitualmente, la bandera complementa al lema del escudo y, si bien la propia rodela suele manifestar el lema “Quis sicut Deus?” propio de su nombre, la bandera alude a la Santísima Virgen, primero Inmaculada y luego Pastora, apropiándose la iconografía pastoreña de este modelo con estandarte. La secuencia lógica: si María es, para San Miguel, la que, como Pastora le envía para el cuidado de su rebaño, las armas de su bandera no pueden ser otras que las de la propia Madre de Dios. Ante la posibilidad de escoger, bien el anagrama de María, bien la propia representación de la Virgen, los artistas se decantaron por la propia figura de la Bienaventurada Virgen.

 

Para nuestra Hermandad, la representación principal de San Miguel Arcángel es la que, tanto en el Altar del Monte o Risco, como junto a la Divina Pastora en su paso procesional, representa la escena concebida por Fray Isidoro de Sevilla. Es una imagen del siglo XVIII, cercana a las obras de los maestros de la familia García de Santiago, que corresponde a la pareja de arcángeles coronantes que sostenían, en el camarín de la iglesia de Santa Marina, la corona sobre las sienes de la Divina Pastora. Perdido uno de ellos tras los desmanes de la Guerra Civil y el consiguiente abandono de la sede, la Hermandad consiguió recuperar uno de ellos, adaptándolo entonces a la iconografía pastoreña y recuperando la representación de San Miguel junto a la Divina Pastora. Su actitud recuerda mucho a la que, en tiempos pasados, tenía el San Miguel que acompañaba a la Divina Pastora de Murcia, realizada por Francisco Salzillo, también desaparecida en 1936.

 

Durante todo el año, San Miguel recibe culto en un altar lateral de la nave de la Epístola de nuestra capilla. Algunos años ha presidido la Mesa de Gobierno de los cultos, cediendo su lugar en el risco a otros arcángeles que, generosamente, cedieron entidades como la Hermandad de la Carretería, a la que agradecemos su gesto. 

Hoy, San Miguel ocupa el sitio que le corresponde, complementando y enriqueciendo la iconografía de la Divina Pastora, que tiene como Mayoral Perpetuo de Su Rebaño.

 

Concluyamos con la oración a San Miguel, que cada Domingo tras la Eucaristía se reza, manifestando la particular devoción que le profesa su Hermandad:

“Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. ¡Reprímale, Dios!, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Celestial Milicia, arroja al infierno con el Divino Poder a Satanás y a los otros malignos espíritus que discurren por el mundo para la perdición de las almas. Amén”.










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