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Madrugá: “Doncella de Nazaret y Reina de San Román” Duquelas de los calós. Irene Gallardo


"Simeón después de bendecirlos, dijo a María la Madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón...»". (Lc. 2, 34-35a).

... Y se le rompió el corazón y la razón… y hasta la propia vida.

 No hay Angustias más grandes para una madre que sobrevivir a un hijo.

Verle prendido como a un vulgar cuatrero. Sentir su miedo en las horas previas de su holocausto, sufrir su quebranto ante los desgarros del flagelo.

Padecer su soledad y extremo abandono ante la burla y el escarnio de quienes le proclamaban Rey, con espinas y caña.

Padecer sus martirios, en los mismos instantes en que la vida se le escapaba por las cinco llagas abiertas, en nombre de la crueldad sin límites y acoger en las entrañas el vacío más rotundo, acariciando las carnes magulladas y yermas de su razón de existir.

Nacida de las manos de un genial artista, tu estampa dolorida y a la par hermosa, recibió los besos y las oraciones del barrio y de tu Hermandad. Ya entonces te querían con apasionada devoción. A ti,  Doncella de Nazaret y Angustias de San Román, “bella rosa en un volcán”.

Hasta que una amanecida el viento trajo las nubes del dolor y de la ausencia…

…lo dijeron las esquinas desde el barrio y desde el cielo y la luz del nuevo día y la tristeza infinita que las gentes se enfundaban…

Las piedras del viejo barrio del Santo Mártir de Antioquia exhalaron sus lamentos…

Suena el eco de la zambra en los cielos de Sevilla.

Está llorando la luna escondida tras los cerros, y la fragua y los tejares y el puerto camaronero y la puerta de Triana, y Santa Ana y la Cava, y San Nicolás bendito.

Está llorando la torre y la plaza y San Román, y los gitanos de bronce y la eterna Madrugá…

Está llorando Sevilla en la memoria de otrora, porque la Virgen ha muerto en las llamas de la ira.

El fuego lamió su talle y sus manitas benditas, los luceros de sus ojos y las lágrimas de Madre…

Dicen los viejos del barrio que en los últimos instantes, la Virgen sólo pensaba en el Hijo de sus carnes.

Al Cristo de la Salud, ¿quién le cantará las nanas que la Virgen le entonaba como una zambra gitana?...   

Y una nueva historia de amor surgió hace ahora de ello, setenta y cinco años.

Las gubias y buriles que sirvieron para acariciar su bello rostro y para besar sus tibias manos, se impregnaron de todos los dolores de la Madre, haciendo que cristalizasen en su bendita estampa. Dejando la pátina de la amargura en su boca entreabierta, (suave pétalo de rosa), en sus ojos profundos, (calma ansiada del mar de Galilea), y en su breve e inclinada cabeza, (coronada de amor y caridad hace casi veinticinco años).

Cuando esta bendita Madre de Dios y nuestra, nació al mundo de la devoción, en un modesto taller de la añeja collación de Omnium Sanctorum, Pepe Rodríguez y Fernández-Andés, la aromó con las esencias de las Angustias, por los siglos de los siglos.

Amparo de San Román, que padeció tu partida y contempló tu regreso.

Fragancias de Madrugada  y de luna de nisán, esencia a canela y clavo, que lleva asido en su talle, la Reina de los Gitanos.

Permite, Madre Santa, que te deje el lirio de mi pluma el recuerdo, de la expresión de amor más grande  hasta ahora escrita, las palabras que el Sabio Salomón legó a perpetuidad, en el hermoso Cantar de los Cantares:

 

“Tota pulchra es amica mea, et macula non est in te”.

(Toda eres hermosa, amiga mía; no hay tacha en ti).

 

Irene Gallardo Flores

Directora de Sacra Híspalis

Foto: Fco Javier Montiel










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