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"Con tu espíritu", la nueva marcha de la Redención a la memoria de “Paquito” un corneta en la gloria sevillana


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Mariano Ruesga Osuna La mayoría de las veces, cuando uno se prepara para un gran acontecimiento, el corazón se dispone, la mente imagina y el cuerpo se acomoda a lo que está por venir. Creemos saber lo que nos espera. Pero hay noches en las que la realidad desborda cualquier previsión y se convierte en algo sagrado, casi inefable. Esa noche, la del sábado 31 de enero de 2026, no fue solo un concierto: fue una oración hecha música, un abrazo colectivo hacia el cielo, un diálogo silencioso con quien ya no vemos, pero seguimos sintiendo muy cerca.

Una noche que se quedó en el alma

El teatro Álvarez Quintero de Osuna se quedó pequeño para tanto sentimiento. 515 almas llenaban platea y paraíso, respirando al unísono, conmovidas, expectantes. Allí estaban tu mujer Rocío, tus hijos, tu madre, tu familia; y frente a ellos, sobre el escenario, 196 músicos: los 150 de la Agrupación Musical de la Redención, acompañados por 46 invitados entre cornetas y percusión que no quisieron faltar a la cita. Muchos otros se quedaron con las ganas de participar, pero el escenario no daba para más. Era, desde el principio, una noche marcada por la generosidad y el cariño.

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Pero entre todos nosotros había alguien más. El verdadero protagonista no ocupaba asiento ni atril, y sin embargo estaba en todas partes. Francisco de Paula Aranda Bermúdez, “Paquito”, llenaba el teatro con su presencia invisible, con su espíritu cercano, con esa sonrisa eterna que parecía asomar en cada rincón. No lo veíamos, pero todos sabíamos que estaba allí. Esa certeza convirtió el concierto en algo más que un homenaje: fue un acto de fe.

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La música como plegaria

El espectáculo, presentado por Manuel Sola González, se abrió como un recorrido por la propia historia musical de la Agrupación. La primera parte fue un repaso a la evolución compositiva de su director, Emilio Muñoz Serna. Sonaron primero sus dos primeras marchas, “Divino Redentor” y “Señor de San Román”, como quien vuelve a sus raíces para recordar de dónde viene. Después, “Padre” y “Círculo de Pasión” prolongaron ese viaje interior, entre memoria y devoción, entre arte y oración.

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Y entonces llegó el gran momento de la noche. Cuatro años llevaba Emilio sin escribir una sola nota en el pentagrama. Cuatro años de silencio creativo, de pausa, quizá también de búsqueda. Pero el silencio se rompió a lo grande. Volvió con su estilo inconfundible, con ese sello tan suyo que reconoce cualquiera que haya sentido alguna vez la Redención en la piel. Y volvió movido por una motivación tan profunda como luminosa: rendir homenaje musical a Paquito.

El título de la nueva marcha no podía ser más elocuente: “Con tu Espíritu”. En sus compases resuenan los orígenes de Emilio como compositor, pero también una madurez que se nota en cada giro melódico. La marcha sabe a dulzura y a emoción, a pasión y a ternura, a cariño y a amor, mucho amor. Es, humildemente lo digo, un traje musical a medida de lo que fue y seguirá siendo para nosotros Paquito: cercano, noble, lleno de luz y con su sonrisa eterna. Emilio entrego a Rocío esposa de Paquito, las partituras de la marcha.

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Una elegía de música, fe y amistad eterna

Antes de que sonara por primera vez “Con tu Espíritu”, un componente de la agrupación puso voz a un texto escrito por el propio Emilio. Era una explicación, sí, pero también una confesión y una plegaria:

El Eco de tu Esencia. 

Dicen que la música es la única lengua que puede hablar con el cielo, y hoy, mi música lleva tu nombre. Me he sumergido en el silencio de mi propio templo para romperme y volverme a armar, buscando entre los escombros de la pena ese sonido que tú tanto amabas: nuestra Redención.

He querido que cada nota duela, pero que a la vez sane, porque esa era nuestra promesa, que al final del llanto siempre aguardaba la sonrisa y el consuelo.

Perdona si a veces mis fuerzas flaquearon, pues caminar sin tu guía ha sido el mayor de los retos.

Pero hoy me han recordado lo que somos; me han dicho que nuestras raíces son tan profundas que el solo latir de un tambor anuncia nuestra llegada.

Ese es nuestro legado: un sello inconfundible que se niega a desaparecer, una marca de humildad que grabamos a fuego en la historia de nuestra banda.

No te preocupes por nosotros. Aquí abajo, seguiremos custodiando tu memoria en cada chicotá y en cada concierto. Seguiremos luchando por Él y por ti, llevando tu espíritu en cada rincón donde resuene nuestra música. Porque mientras un tambor de la Redención golpee el aire, tú estarás marcando el paso.

Descansa en esa plaza de nubes, en ese ensayo eterno donde el tiempo no existe. Gracias por el regalo de tu amistad.

Nosotros aquí, con el alma en la boquilla y el corazón en el parche, seguiremos haciendo que el mundo sepa quiénes somos.

Por tu memoria, por nuestra Redención.

Era una elegía de música, fe y amistad. Un testimonio de cómo el dolor, cuando se ofrece, se transforma en luz. Una declaración de que la muerte no tiene la última palabra cuando el recuerdo se convierte en compromiso y la memoria en misión compartida.

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Cuando la corneta reza

El teatro entero enmudeció. Se hizo un silencio denso, casi sagrado. Y entonces sonó el marcaje del himno. Era, de algún modo misterioso, Paquito con su corneta abriendo el camino de su propia marcha: “Con tu Espíritu”.

Bastaron pocos compases para que las lágrimas afloraran. No había un solo músico, ni una sola persona entre el público, que no sintiera correr una lágrima por sus mejillas. Hay pocas cosas tan grandes y tan llenas de verdad como tocar un instrumento y llorar al mismo tiempo. Es el corazón quien toca, mientras los labios y las manos obedecen. Y en nuestra tierra, cuando eso ocurre, decimos que hay pellizco del gordo: ese nudo en la garganta que solo dan las cosas auténticas.

Terminó la marcha y, durante dos segundos, el teatro quedó suspendido en un silencio impresionante, un silencio maestrante. Dos eternos segundos, como si nadie se atreviera a romper el clima de oración. Después, todo estalló en una ovación de más de cinco minutos, con el público en pie, entregado, conmovido. En el centro, su banda, y un Emilio profundamente emocionado, casi desbordado. Y no era para menos: había logrado que la música fuese abrazo, despedida y presencia al mismo tiempo.

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Una voz que se eleva al cielo

La segunda parte del concierto no pudo comenzar de mejor manera. A un homenaje así no podía faltarle la oración hecha canción, la saeta. El saetero ursaonense Manuel Cuevas puso su voz al servicio del recuerdo, y su torrente vocal llenó el teatro con una saeta personalizada, dedicada a Manuel Aranda, padre de Paquito, y al propio homenajeado. Fue una saeta que no se cantó solo con la garganta, sino con las entrañas.

A continuación, sonó la marcha “Lágrimas de Sangre”, del compositor Guillermo Cano, adaptada por Raúl Delgado para la ocasión. En esta pieza, la voz de Manuel Cuevas se unió a los sones de la agrupación, creando un diálogo intenso entre la voz y la marcha, entre la tierra que canta y el cielo que escucha.

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El concierto prosiguió con marchas muy queridas y profundamente ligadas a la historia musical de la Redención y compuestas por entrañables compositores muy vinculados a la agrupación, de esa manera sonaron las marchas: “Rosario”, “Danos la Redención”, “Salud y Remedios”, “Con Humildad ¡Al Cielo!” y “Madre”. Cada título era una invocación, una súplica, una acción de gracias. Cada compás, una forma de decirle a Paquito: “sigues con nosotros”.

Caridad que se hace música

No podía faltar en una noche así el gesto de solidaridad que tanto identifica a la Agrupación de la Redención. Antes de interpretar la marcha “Seres de Luz” –marcha solidaria de la formación–, se hizo entrega a Miguel Ángel García, gerente de la asociación Andex, de un cheque con la recaudación íntegra del espectáculo, organizado conjuntamente por el Ayuntamiento de Osuna y la Agrupación Musical de la Redención.

La música, así, no se quedó solo en sentimiento: se hizo ayuda concreta, apoyo real, amor puesto en obras. Porque la fe, cuando es verdadera, siempre se traduce en gestos que alivian el sufrimiento de los demás. Y en esa dimensión caritativa, también estaba presente el espíritu de Paquito.

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Un ángel con corneta en el cielo sevillano

El acto concluyó como debía: con la interpretación, una vez más, de “Con tu Espíritu”. El público, de nuevo en pie, se entregó por completo en ese último homenaje a nuestro querido y recordado Paquito. No era repetición, era insistencia amorosa. Era como decirle dos veces lo mismo al amigo que ya se ha ido: “te queremos” y “no te olvidamos”.

Las agrupaciones de la Redención y de María Santísima del Rocío han demostrado, desde su fundación, que son mucho más que música. Son una familia. Y las familias se sostienen en los momentos duros, se reúnen para llorar y para celebrar, para sonreír y convierten el dolor en motivo para seguir adelante, más unidos, más humildes, más fuertes.

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Hoy, esa gran familia sabe que tiene un ángel con corneta en mano en el cielo sevillano. Un ángel que marca el compás desde lo alto, que acompasa cada chicotá, que sopla en cada nota, que sonríe en cada estreno. A partir de ahora, cada marcha, cada himno marcado, cada ensayo y cada concierto tendrán un significado especial. Siempre habrá una mirada al cielo antes de empezar, una oración silenciosa, una dedicatoria íntima: “por ti, Paquito”.

Porque mientras la música de la Redención siga sonando, mientras un tambor golpee el aire y una corneta rompa el silencio, mientras una trompeta marque la melodía, o un bajo acompañe la fe musical, tu espíritu seguirá caminando a nuestro lado.

Siempre con nosotros Paquito, siempre, tu “Sonrisa Eterna”.

Mirando al Cielo.

 

 

"Con tu espíritu", la nueva marcha de la Redención a la memoria de “Paquito” un corneta en la gloria sevillana

 

Fotos: Javier Lozano









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