Al Silencio del Señor y al Dolor de María Santísima de la Amargura, fe proclamada
Fco Javier Montiel. La Hermandad de la Amargura ha celebrado su Función Principal en una jornada marcada por la solemnidad y la emoción contenida. La corporación volvió a reunirse en torno a sus Sagrados Titulares para renovar su compromiso de fe, en una ceremonia que es el eje espiritual de todo el año.
El templo se presentaba revestido con un altar de cultos de gran riqueza, levantado con equilibrio y sentido litúrgico. Dominaba la escena un imponente dosel de terciopelo rojo, que enmarcaba el conjunto y otorgaba profundidad al presbiterio. En el centro, sobre un elevado monte de oro y cera, se situaba la imagen del Señor, escoltado por su Madre, la Virgen de la Amargura, y la figura de San Juan. La abundante candelería, distribuida en varios niveles, envolvía las imágenes en una luz cálida y vibrante, mientras centros de flores blancas aportaban pureza y armonía al conjunto.



El dorado del retablo y la arquitectura del ábside, profusamente ornamentados, dialogaban con la riqueza del montaje, creando una estampa de hondo sabor barroco. Todo parecía dispuesto para subrayar la centralidad del misterio que se celebraba.



Durante la Función Principal, la hermandad realizó pública y solemne Protestación de Fe, momento culminante en el que los hermanos, renovaron su adhesión a las verdades de la Iglesia. Fue un instante de silencio intenso, de oración compartida y de fidelidad expresada con sencillez.



La Función Principal no es solo un acto del calendario. Es la reafirmación de una identidad. Es la hermandad mirándose en el espejo de su devoción, recordando que todo nace y todo vuelve al altar. Allí donde la cera se consume lentamente, también se ofrece la vida del hermano, llamada a ser testimonio constante de fe y caridad.


Así, entre el resplandor del oro y el silencio de la plegaria, la Amargura volvió a reunir a los suyos en torno a lo esencial. Porque antes que la calle y la procesión, está el culto. Antes que el aplauso, la oración. Y en esa verdad sencilla late el corazón mismo de la hermandad.

Fotos: Fco Javier Montiel
