Al Señor de Pasión. Javier Ramos Sáez
Pocas tallas son tan indescriptibles como la de Nuestro Padre Jesús de la Pasión. Obra culmen de Juan Martínez Montañés que data entre 1612 y 1616 de madera de cedro y policromado por el maestro de Diego Velázquez, Francisco Pacheco. Dicha talla pertenece a una de las hermandades con más señera de la Semana Santa de Sevilla y también de las más antiguas ya que su fundación, inspirada en la vallisoletana, data de 1531.
La autoría del “Lisipo andaluz” es corroborada por el testimonio del Abad del convento donde residía la hermandad de Pasión, el Convento de Santa María de las Mercedes (ahora Museo de Bellas Artes); Fray Juan Guerrero dice así: “La imagen del Santo Cristo de la Pasión , es admiración de ser en un madero esculpido obra tan semejante al natural; no encarezco ni podré lo prodigioso de esta hechura porque cualquier encarecimiento será sin duda muy corto; sólo baste decir es obra de aquel insigne maestro Juan Martínez Montañés, asombro de los siglos presentes y admiración de los por venir como lo declaran las obras que hoy se hallan de su mano tan celebradas y aplaudidas por todo género de gentes.”
Esa imagen recuerda la importancia de la que Sevilla tiene el placer de acoger. El Señor de Pasión sale el Jueves Santo en uno de los prodigios más sublimes de la orfebrería española y es la obra de Cayetano González. Perfecta conjunción la que hacen el paso de plata y Jesús de la Pasión bajando la añorada rampa del Salvador. Para qué introducir música en el cortejo si tenemos una de las mejores ensoñaciones posibles la que es el crujir de la magnánime rampa colegial. Pasión y Sevilla, sevillana y pasionista es la Semana Santa. Loable intersección divina.
Sólo un detalle es posible en esta tierra y es cómo es factible que el Señor de Pasión, en su caminar, tenga elevado uno de sus dedos del pie derecho dando una sensación de movilidad innata en cualquier otro escultor. Si bien digo que Dios puso sus manos en Martínez Montañés, no sería una blasfemia decir que su rostro ya es la evocación divina de lo inteligible.
La hermandad sacramental de Pasión no vive por uno de sus mejores momentos pero la gloria de Dios, representado en Jesús de la Pasión , ayudará a esta hermandad a sufragar las penurias que puedan acarrearles en un próximo futuro.
Pasión de Cristo, confórtales.
Foto: Francisco Santiago
