Servicio al prójimo. Alberto Álvarez Pérez.ABC
Alberto Álvarez Pérez.ABC. Estamos en verano y la mayor parte de los medios de locomoción se están trasladando a las playas y a las montañas para que muchos ciudadanos puedan empezar a tomar las esperadas vacaciones. Pero existe un colectivo que mayoritariamente no pueden tener ese lujo. Me refiero a las monjitas de cualquier orden religiosa. Ellas no entienden de descanso, sino que saben que si hay alguien que necesite ayuda en el calvario de la vida, allí están ellas para todo, sin rechistar y sonrientes y de forma altruista. Si se trata de servir, de ayudar, en invierno o en verano, de día o de noche, lejos o cerca, nos les importa acercarse y abrirse paso delante de todo el mundo. Ellas, con sus hábitos negros, o marrones, o blanco, que recorren las calles de nuestras ciudades con sus menuditos pies al descubierto o con zapatillas de espartos, no tienen miedo a nuestros ridículos convencionalismo. ¡Cuánta bondad guardan en sus corazones! Para estas monjitas, alegres y de cuerpos menuditos, toda actitud de ayuda y de servicio al prójimo nunca puede ser ridícula.
Gracias, queridas monjitas, en nombre de Cristo y de los imnumerables cristos urbanos a quienes ayudáis avanzar con alegría por el camino de la cruz larga y espinosa de la vida.
