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El Gozo de un Sueño. Pregón San Gonzalo 2006. Juan Manuel Labrador


 I. El gozo de un sueño 

No recuerdo la primera vez en la que mi madre me llevó a ese lugar tan emblemático del barrio; no recuerdo la primera vez en la que la vi, pues era un recién nacido, y cómo es lógico, todo lo que vi y sentí en los primeros meses de mi existencia es ahora, tristemente, una espesa niebla que ocupa una parte que sería de las más bellas de mi vida.

Quisiera acordarme ahora de aquella primera ocasión, de aquel primer instante en el que quedé para siempre cautivo de su dulzura, como lo quedo nuevamente cada vez que vuelvo a dirigir mi mirada a sus ojos misericordiosos, en los que se ahogan todas y cada una de mis penas.

Desde mi más tierna infancia, la he contemplado cada domingo en misa, y siempre en el mismo sitio, llenando de amor el espacio del templo, al igual que también la he visto recorriendo las hojas de los distintos apuntes que tomo en clase, estando seguro de que me encuentro bajo su amparo a la hora de mis estudios. Y la veo definitivamente en mi corazón, pues éste es ese dulce relicario en el que Ella va a donde yo vaya.

Siempre ha formado parte de mi vida, mas, no sé por qué, cada vez que la miro se me hace un nudo, no sólo en la garganta, sino también en todas las venas por las que pasa esa sangre trianera que hasta a su belleza y a su guapura me atrae. Hoy llego a Ti de una forma muy distinta a como lo he hecho cotidianamente, pues me postro a tus plantas para cantarte y alabarte, proclamando a los cuatro vientos procedentes del Guadalquivir de mis sueños, que Tú eres la Sublime Majestad Divina de todo este hermoso paraje que Dios quiso llamar Triana.

Esta noche de cuaresma, cuando el azahar abre sus diminutos pétalos en los naranjos que inundan las calles del barrio, anunciando mejor que nadie el pregón de nuestra más profunda pasión, nuestra hermandad me permite la posibilidad de realizar esta oración compartida entre todos, poder llegar hasta esta tribuna, y abrir de par en par las puertas de mi corazón, para que se esparza sobre vosotros todos los sentimientos que tengo guardados después de tantas puestas de sol acontecidas a lo largo de mi historia.

Es cierto que este nuevo pregonero es joven aún, pero cree que podrá afrontar con éxito esta difícil tarea de pregonar y alabar a nuestra Madre de la Salud , y de meditar ante Nuestro Padre Jesús en Su Soberano Poder. ¡Señor!, ilumíname Tú también a lo largo de esta estación de amor, para que solamente así pueda llegar, junto a todos mis hermanos, a ese Reino en el que Tú nos estás esperando, y marchar así a esa verdadera Triana donde vive realmente la blanca gloria nazarena.

Llegó por fin el momento,
hoy el tiempo se ha cumplido,
convirtiéndose mi sueño
en un hecho que ahora vivo
anegado de emoción.

Con mi fervor he venido
para hablaros de una Reina
que me ofrece su cariño
cuando me acerco a rezarle
con mi verbo estremecido,
y para poderla ver
como yo siempre he querido,
cual preciosa y sacra musa
que en mi alma la he tenido
para escribirle estos versos
tan intensos y sentidos
en mi limpio corazón,
y éste queda conmovido
ante ese rostro sereno
que me ilumina el camino
por donde alcanzo esa paz
que desemboca en el río
del sentir de un barrio entero.

Hoy vengo a este recinto
muy cargado de ilusiones,
ya que es tanto lo vivido
que mi fe se ha emocionado
preparando el manuscrito
que da origen al pregón,
este canto compartido,
esta oración verdadera
que a todos nos ha reunido
en el nombre de María,
Madre de aquel Jesucristo
que ante el soberbio Caifás
reconoció ser el Hijo
de nuestro Dios Soberano.

Por los siglos de los siglos,
mis palabras cantarán
ese salmo tan divino
que nos habla del amor,
ese dulce amor bendito
que en el barrio de Triana
desprende con su cariño
la Virgen de la Salud
sobre su pueblo y sus hijos.

Foto: Francisco Santiago










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