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El Giraldillo original volvió ayer a su torre entre un repicar de campanas. Aurora Flores. ABC.


SEVILLA. El Giraldillo, Santa Juana, la Giganta, el Coloso de la Fé Victoriosa, la muchacha de bronce del Corral de los Olmos... la gran veleta renacentista, símbolo de Sevilla, volvió ayer a coronar la torre mestiza almohade y cristiana después de ocho años de ausencia, marcados por la polémica en su tramo final entre los defensores de que continuara en su lugar la copia y aquellos que, aferrados a la ley, abogaron por que fuera repuesta.

Iban a dar las nueve menos veinte de la mañana cuando el remozado Giraldillo original de 1568, gracias a un viento de quince kilómetros por hora que no movía ni una hoja, pudo iniciar su procesión vertical hacia el fin de la Turris Fortissima entre repiques de campana que celebraban su vuelta. Más de una hora antes, la preparación para este retorno había estado plagada de detalles perfectamente planificados y dirigidos a que nada fallara en esta delicada operación.

Cubierto con lonas

Ayer, los 3,47 metros de altura del Giraldillo y su 1,2 toneladas de peso (sin lábaro y palma) parecían no tener esas espectaculares dimensiones cuando llegó a la Plaza Virgen de los Reyes, indefenso y amortajado con lonas crudas, sobre la plataforma un vehículo adaptado que también transportaba el lábaro y la palma que lleva en sus manos.

Eran casi las siete y media de la mañana. Veinticinco minutos antes había partido de la sede del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), en la isla de la Cartuja, donde a lo largo de cuatro años ha sido sometido a un riguroso proceso de restauración exterior e interior, en el que se han invertido 600.000 euros, y en el que, en un minucioso trabajo de ingeniería, se ha eliminado la corrosión, grietas y agujeros y ha supuesto el cambio de su estructura interior de hierro por una de acero inoxidable, entre otras actuaciones destinadas a proteger esta emblemática veleta.

Técnicos del IAPH con batas blancas, trabajadores de la empresa Lozano, encargada del transporte y la subida, dos grúas, una de ellas inmensa, con un tope de 118 metros, cámaras de televisión, fotógrafos, periodistas y un par de centenares de personas -éstas tras vallas instaladas frente al convento de la Encarnación- se arremolinaban frente a la Catedral para asistir a este histórico acontecimiento para Sevilla, que fue seguido atentamente por la consejera de Cultura, Rosa Torres; el delegado provincial de esta área, Bernardo Bueno; el director general de Bienes Culturales, Jesús Romero; el director del IAPH, Román Fernández Baca, y el delegado de Vía Pública, Manuel Gómez Lobo.

Cinco minutos

Diez minutos después de la llegada de la Giganta, los técnicos del IAPH comenzaron a despojarla de las lonas que la cubrían. Sólo cinco minutos estuvo expuesta a la curiosidad de las miradas y a que pudiera contemplarse de cerca de nuevo -se mostró a finales de 2003 en una exposición en las Reales Atarazana que exhibió tanto la estatua como explicaciones pormenorizadas sobre su laborioso proceso de restauración-, e inmediatamente, los técnicos procedieron a cubrirla minuciosamente de la cabeza a los piés con vendas de algodón sujetas con una especial cinta adhesiva y a colocarle en el torso un chaleco protector de neopreno, medidas destinadas a impedir que sufriera daño alguno durante su izado a la Giralda.

Mientras, otros trabajadores capitaneados por el mecánico Claudio Fernández Llerena, manipulaban y afirmaban el eje que se introduciría en el cuerpo del Giraldillo y que, al fin y al cabo, le permite el giro y su transformación en veleta.

Para esta operación, la grúa de gran tonelaje llevó al Giraldillo sobre el eje, cuya trayectoria fue vigilada en todo momento, incluso abriendo una trampilla en un costado de la estatua, por el mecánico, que posteriormente colocó la cruz ensartada en el banderín en la mano derecha de Santa Juana.

Curiosos y móviles

Y, entre repiques de las campanas del alminar cristiano y la atenta mirada del público, afanado en sacar fotos con los móviles, al igual que hicieron muchos de los técnicos del IAPH, el Giraldillo inició su ascenso bajo el estricto control, mediante móvil, del jefe de maniobras, que permanecía en el punto más alto de la Giralda y el gruísta. Algunos tímidos aplausos del público asistente, que fue aumentando conforme avanzaba la mañana, recibieron este despeque del símbolo sevillano, que voló entre la Catedral y la Giralda apenas diez minutos.

Unos diez minutos tardó en llegar Santa Juana a su sitio, protegido por andamios, donde se procedió a conectar el eje con el vástago. Tras quedar fija a su ubicación, se colocó en sus manos el lábaro y la palma, que fueron izados posteriormente.

El Giraldillo coronaba ya la Giralda, aunque oculto por los andamios que se retirarán tras colocar en la veleta instrumento de medida.

Claudio, el mecánico del Giraldillo y Juan, el gruísta que lo izó

La familia de Claudio Fernández Llerena, el mecánico del Giraldillo, no se movió de la plaza durante toda la operación y de vez en cuando, lo llamaban y él saludaba acalorado y contento. Ufano pero humilde, este hombre que conoce los entresijos íntimos de la Giganta dijo a ABC que en colaboración con la Escuela de Ingenieros y el IAPH ha participado en el desmontaje y montaje del Giraldillo, en la construcción de toda la estructura interior nueva y en la reparación de los grandes desperfectos que sufría. «Se ha actuado a conciencia y yo he sufrido, pero he disfrutado de este trabajo. La estatua presentaba un deterioro casi total, con parches visibles sobre las grietas y ahora se ha reforzado interiormente para dejarla igual que cuando la fundió Morel», indicó Claudio Fernández Llerena, quien añadió que ayer fue «un gran momento tras superar este gran reto, por lo que me siento muy satisfecho y encantado».

Por su parte, en las manos de Juan Fernández, gruísta de 31 años, estuvo la responsabilidad del manejo de la gran estructura de 118 metros que izó al Giraldillo de nuevo hasta su ubicación. Juan, casado y padre de un hijo, comentó que su mujer está a punto de dar a luz «creo que el niño va a hacer hoy», dijo, a la vez que aseguró que no le había temblado el pulso mientras elevaba a la Giganta. «Aunque es como cualquier otro trabajo, hoy le he puesto la guinda que le faltaba a Sevilla».


Cultura asegura que «está para aguantar otros quinientos años»
 
La consejera de Cultura de la Junta, Rosa Torres, aseguró que para la festividad de la Virgen de los Reyes estaría retirado el andamiaje que por ahora no permite contemplar el Giraldillo.

«En veinte días se retirará todo el material que protege a la estatua» para que todo esté perfectamente acabado para la festividad del 15 de agosto», aseguró la responsable de Cultura,

Rosa Torres, que permaneció durante toda la operación en la Plaza Virgen de los Reyes y que observó con atención detalles del Giraldillo, afirmó que se ha llevado a cabo «un buen calendario, con planificación y sistematización del trabajo». Añadió que la subida ha sido «una verdadera coreografía que todos han seguido abstraídos, con momentos de emoción».

«Hoy se ha devuelto a la Giralda el símbolo de su verdad tras un largo proceso -dijo-, no sólo se repone por ley, sino por devolverle parte de su alma a la ciudad».

La consejera resaltó que se ha realizado sobre la estatua un tratamiento exterior para mantener su buen aspecto y seguridad, ademàs de indicar que estéticamente se le ha aplicado «capas de una cera especial» que la protegerán de la intemperie.

«El Giraldillo está en muy buenas condiciones para aguantar otros quinientos años. Ya se ha estudiado en tierra sus características y patologías, pero ahora se hará un grabajo de mantenimiento para que no se repita el deterioro»

También Rosa Torres valoró positivamente que el Arzobispado, cuyo máximo responsable, el cardenal Amigo, no compartía la decisión de reponer la estatua original, aunque acataba la decisión, haya hecho repicar las campanas.

Sistema de control

Por su parte, el director del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, Román Fernández Baca, explicó que un sistema de sondas controlado mediante ordenador, que será seguido permanentemente desde el IAPH, vigilarán el giro, las temperaturas y las causas y condiciones del Giraldillo, a fin de evitar que vuelva a producirse un deterioro.

«Será un registro permante en el tiempo, dijo Fernández Baca, que nos permitirá estar siempre pendientes de cómo está, de ello depende su salud». El director del IAPH mostró su complacencia por el trabajo realizado y aseguró que se trata de «una buena restauración, y aunque ha sido complicada. ahora, cuando todo llega a buen término, sentimos una gran satisfacción».

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