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Liturgia. Llevar la comunión a los enfermos. Jesús Luengo Mena


 En dos artículos vamos a abordar el tema de llevar la comunión a los enfermos. En este primer artículo haremos unas consideraciones generales y de tipo práctico, para abordar en otro posterior el rito propiamente dicho. Y lo vamos a hacer a base de preguntas y respuestas.

Ante todo, debemos tener en cuenta que cuando llevamos la comunión a una persona enferma o moribunda, compartimos con ella el conocimiento que proviene de una esperanza autentica, esa luz del Espíritu que alimenta la esperanza que va mas allá de esta vida. Por eso, el ministro de la Eucaristía debe ser consciente de la importancia del acto que va a realizar y del consuelo tan enorme que va a proporcionar su servicio al enfermo y, también, a sus familiares.

Y la primera pregunta que podemos hacernos es ¿Quién puede llevar la comunión a casa de un enfermo? En principio, el sacerdote o el diácono. Pero sucede que los párrocos y vicarios parroquiales suelen estar, a veces, muy ocupados en otros asuntos. Entonces pueden delegar en tan importante asunto y encargarlo a laicos autorizados. En primer lugar, a los acólitos instituidos, como ministros extraordinarios de la comunión que son. Y también a otros laicos, debidamente autorizados, sin excluir a religiosas o mujeres en general. Es de sentido común que ese encargo se realice a personas de fe probada y de entrega a la Iglesia (seminaristas, catequistas, religiosas, miembros de las juntas parroquiales, etc).

¿Dónde se llevan las Sagradas Formas? Existen unas cajitas pequeñas, llamadas píxides, en las que pueden transportar con comodidad. Un píxide debe ser bendecido siempre antes de usarse por primera vez. Después de cada uso debe purificarse.  S e debe retirar el Santísimo Sacramento inmediatamente antes de salir hacia el hogar donde se ha de administrar el sacramento.

¿Cómo comportase durante el camino? Evidentemente, llevando al Señor a casa de un enfermo no es momento de pararse a saludar a conocidos ni entrar, por ejemplo, a un bar a tomarse un café o una cerveza ni realizar visitas. Debe pues, evitarse, el permanecer o demorar el camino más de lo necesario. Si algún amigo nos detiene se le hará saber, si se ve oportuno, el motivo de la diligencia. De igual manera, se impone un vestido adecuado a la dignidad del acto que se está realizando.

No corresponde llevar la Eucaristía y ocuparse en otras actividades antes de dar la comunión; tampoco es lícito retenerla en la casa del ministro. La norma general e invariable debe ser: desde el sagrario a la casa del enfermo. Tampoco es lícito reservar la Eucaristía en casa del enfermo. Durante el camino es conveniente rezar, adorando al Sacramento.

¿Qué hacer si la persona no quiere comulgar? Aunque no sea un caso frecuente, a veces, son las familias las que quieren que el enfermo comulgue, para proporcionarle ese consuelo y alivio. Pero si la persona manifiesta su deseo de no comulgar, en ningún caso se le administrará la comunión.

¿Se puede dar la comunión a un disminuido síquico? Por supuesto que sí. Aunque no tenga conciencia plena del acto de comulgar, basta que comprenda o intuya que el pan que va a recibir no es un pan común, sino que tiene algo especial.

¿Cuándo no puede darse la comunión?  No debe administrase la comunión si el enfermo está inconsciente o si se encuentra en un estado de enajenación irracional de tal forma que pudiese rechazar el sacramento.

¿Qué hacer si el enfermo no puede deglutir? Si la persona no puede deglutir puede dársele  algunas gotas de la sangre de Cristo, si es que puede recibirlas. Si puede comulgar, aunque sea con dificultad, no hay inconveniente en darle una pequeña porción de la hostia y que tome agua después. Solo las personas que no pueden recibir la comunión bajo la forma de pan pueden, a discreción del sacerdote, recibirla bajo la forma de solo vino. Se pondría en un vaso cubierto adecuadamente y guardarse en el tabernáculo después de la comunión para usarla ese día. La Preciosa Sangre debe llevarse al enfermo en un vaso cerrado de tal forma que se elimine todo peligro de derramarla. Si queda algo de la preciosa Sangre después de que el enfermo haya recibido la comunión, el ministro extraordinario debe consumirla y purificar el vaso.

En un próximo artículo veremos los preparativos que deben hacer los familiares y el rito propiamente dicho.

Foto: Juan Alberto García Acevedo.










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