Arte Sacro
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X años de Arte Sacro. Alberto Gallardo Aguilar: “Esencia De Canela y Clavo”. Irene Gallardo Flores


Veinte días antes del Domingo de Ramos de 1934, en pleno barrio de San Román, en la calle Sol, vino al mundo este carismático sevillano de convicciones férreas y licenciado en la “Universidad de la Vida”.

Testigo privilegiado del “cante jondo” en aquellos años de las ventas y discos de pizarra, campeón de Andalucía en Lucha Libre Americana, monaguillo de San Roque de timbre privilegiado, maestro imprescindible del martillo, apasionado defensor del mundo del costal, ferviente devoto del Undivé moreno y Señor de la Salud y de su Bata Bendita de las Duquelas,  Angustias de los gitanos.

¿Háblenos de sus recuerdos de niño y de joven?

Vivía en la calle Artemisa, junto al Convento del Valle. El suelo de mi calle era de chinas gordas como decíamos antiguamente y entre ellas brotaba la hierba, porque no pasaban coches, prácticamente no había, sólo pasaban por allí los carros de los hortelanos que llevaban las verduras al mercado de la Encarnación.

Mi padre falleció cuando  tenía ocho. Con esa edad comencé mi etapa de monaguillo de San Roque y de los Negritos. Dña. Felipa, la esposa de D. Manuel Jiménez Maña, que me quería mucho, me presentó a D. Juan José Robledo Rodríguez, párroco de San Roque y entré de monaguillo. Tenía mucha ilusión y me enseñaron a cantar en el coro. Todos los días a las doce cantábamos el Ángelus, también cantábamos en los bautizos y en las bodas.

Me crié en la Puerta Osario y en vez de irme a San Román, crecí en el entorno de San Roque, los Negritos y San Benito.

Con 16 años, saqué por primera vez un paso, fue bajo las andas del Stmo. Cristo de la Salud de San Bernardo.  Aún no sabía llevar el compás del andar costalero. Recuerdo que me subieron a las trabajaderas, porque estorbaba más que andaba. Al día siguiente, Jueves Santo, salí en el Cristo de la Coronación de Espinas.

¿Cómo vivía usted la Semana Santa siendo un niño?

Me gustaba mucho, lo que ocurre es que no me dejaban alejarme mucho de mi casa. Me encantaba ver San Benito en la esquina de la calle Valle camino de la calle Luna. Veía los Negritos, la Trinidad, que pasaba muy cerquita, pero claro, siendo pequeño no me dejaban alejarme demasiado del barrio.

Recuerdo como si fuese ayer, que cuando pasaba la Semana, me gustaba mucho hacer pasitos de madera para la Cruz de Mayo con mi amigo Pepe el de “Mariana”. Pepe, era el padre de unos magníficos orfebres, los Hermanos Delgado. Él vivía en una casa frente a la mía en la calle Artemisa. Hacíamos un paso para la Cruz de Mayo, yo iba de costalero siempre y Pepe de capataz.

Nos íbamos a la muralla del Convento del Valle a cortar con una caña y una cuchilla, las flores de las buganvillas para nuestro pasito. Desgraciadamente mi amigo Pepe, ya no está con nosotros.

Hay imágenes en mi memoria que están intactas, como las que recuerdo de mi madre, cantando saetas a las Cigarreras en el Alfonso XIII, yo me ponía junto a ella y le apuntaba las letras. Hacía lo mismo en la calle Castilla, donde mi madre le cantaba al Cachorro, en la casa de la Duquesa de Osuna con el Museo, en el Calvario, la gran devoción de mi madre junto al Señor de la Salud. Por cierto, mi madre le cantaba el Jueves Santo a puerta cerrada en San Román y Santa Catalina al Señor de la Salud y la Virgen de las Angustias, era muy emocionante.

Recuerdo una saeta que cantó mi madre, a la Esperanza en la calle Feria junto a Viñafiel, en la casa de Conchita la esposa de Miguel Gallego (que fue Hermano Mayor de la Macarena), yo le apunté la letra como siempre, ¡mi madre cantaba para reventar! 

¿Con cuántos capataces ha trabajado como costalero?

He trabajado a las órdenes de Alfonso Borrero que para mí, llegó a la cumbre. Con Manolo Bejarano, “el Tarila”, maestro y amigo.

Estuve un año con la cuadrilla de Ariza “el viejo” y tuve la suerte de ser costalero del Cristo de la Sangre de San Benito, en su primera Estación de Penitencia y fue cuando se nombró Hermano de Honor al Teniente Coronel Hita.

Con Domingo Rojas y con el Moreno” trabajé también durante años, hasta que me retiré por una dolencia en la rodilla.

¿Cuántos pasos ha mandado como capataz?

Me he llevado 35 años de costalero, he estado a las órdenes de grandes maestros del martillo, como te he comentado antes. Como consecuencia de la lesión de rodilla antes citada, tuve que dejar las trabajaderas y el que siempre fue compañero de trabajaderas y amigo personal, Manolo López Díaz, “el Moreno”, me propuso que me quedase con él de segundo capataz. Y así fue, estuve con “el Moreno” hasta que falleció.

Heredé su cuadrilla de costaleros tradicionales y cuatro Hermandades, más tarde crearía las cuadrillas de hermanos costaleros de todas ellas. Para mi han sido como mis hijos todos ellos, guardo un emocionado recuerdo de aquellos tiempos.

Usted ha recibido muchos reconocimientos a su trayectoria cofrade, ¿se siente profeta en su tierra?

Me siento muy honrado y enormemente feliz. Sabía que la gente me quería mucho, pero no tanto. Le he entregado mi vida a mi Hermandad de los Gitanos y me lo han agradecido con creces. Me han nombrado hermano de honor, capataz honorario y me han colocado una placa en la calle Artemisa dónde viví de niño ¡no se puede ser más feliz!... Gracias de corazón, a la Sevilla cofrade y a la no cofrade, por el enorme cariño que me demuestra a diario.

¿Recuerda con nostalgia su tiempo de capataz?

Con nostalgia y con mucho cariño, diría yo. Tengo vivos los recuerdos de mi gente buena de la Hdad. de la Divina Pastora de Cantillana, cuadrilla que también hice, de la Hdad. del Buen Fin y de las Aguas de Dos de Mayo.

Recuerdo como si fuese ayer la primera igualá de los hermanos costaleros del palio de mi Virgen de las Angustias y las lista de espera que había para entrar en la cuadrilla o de pico....

Recuerdo el año que saqué a la Madre de Dios del Rosario, Patrona de Capataces y Costaleros....tantas vivencias.....

Sin duda a lo largo de su vida habrá tenido momentos inolvidables

Por supuesto y algunos llenos de lágrimas de la emoción, como la coronación de mi Virgen de las Angustias y veinticinco años después, volverme a poner delante de Ella y mandar a esa cuadrilla de categoría, que cada Madrugá perfuma a Sevilla de Canela y Clavo, llevando a la Madre de Dios con la categoría y el paladar que la llevan.... 

Usted es fundador de una dinastía

Es una satisfacción tremenda. Mi hijo Alberto, capataz de la Virgen de las Angustias, mi sobrino Joaquín, segundo capataz de la Virgen de las Angustias, tres de mis nietos, costaleros de la Señora y otros dos nietos, costaleros del Señor de la Salud...no tengo palabras para expresar lo que siento el Viernes Santo Madrugá... 

Cómo ve usted en la actualidad a su Hermandad de los Gitanos

La veo muy bien gracias a Dios. Con las “fatiguitas” que hemos pasado.....eso lo sabemos bien los que hemos echado los dientes en ella... (emoción)

Mira si es así, que el Jueves Santo, nos íbamos un grupo de chiquillos de la Hermandad a la Capilla de Montesión, la Hermandad nos daba las flores el palio para que se las pusiésemos a la Virgen de las Angustias..... ¡imagínate!

Recuerdo que teníamos hasta que pintar los respiraderos con purpurina, para tapar las faltas. No teníamos apenas insignias, a muchos nazarenos nos prestaban las túnicas y a los acólitos y monaguillos, la ropa....  

¡Cuando ahora veo la iglesia que tenemos, el numero de hermanos tan grande que hay en la nómina y el patrimonio que poseemos, no paro de darle gracias a Dios todos los días!, ¡Bendito sea Dios que todo los puede!  

Alberto Gallardo, es sin duda un cofrade singular, forjado en la “cantera” de una Hermandad humilde que a base de esfuerzos ha alcanzado grandes logros.

Capataz e historia viva, de profundos ojos verdes, temperamento latino y testigo imprescindible de una Sevilla de otro tiempo que aún habita en la sangre calé de este hombre de la Puerta Osario.

Fotos: Equipo Arte sacro










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