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“Aquellas viejas fotos de papel desvaídas”. Mariano López Montes


“A la memoria de Manuel Esparrago Perez y como testimonio de amistad a su familia”

Aquellas fotos, quizás arrinconadas en álbumes un tanto olvidados, o traspapeladas  entre otros papeles  en el fondo de algún armario, que quedaron desfasadas por el auge de la tecnología informática, han sido y siguen siendo aun más si cabe, los mudos notarios de nuestras vidas,  cada una de estas fotos son una página más que conforman el libro siempre personal de nuestras vidas.

Ayer en el día que nos dejaste  después de tu dura lucha contra esa cruel enfermedad, que te ha apartado para siempre de todos los que te conocíamos, y aún más importante, te queríamos con el valor anónimo y desinteresado de la amistad, me encontré, con estas dos fotos que son para mí una parte importante de ese libro de nuestras vidas que escribimos juntos.

Manolo Esparrago era una de esas personas que jamás quiso ostentar ni vara dorada, ni tal vez plateada, nunca tuvo cargo ni homenaje y quizás tampoco era conocido ni renombrado en el mundo cofrade, quizás tampoco estuvo inscrito en ninguna nomina de ninguna cofradía y tampoco le interesaba una antigüedad  para ir mas cerca; porque Manolo  desde su proximidad a esa Esperanza de la que siempre fue vecino y con la grandeza de su cuerpo y la sencillez y humildad de su alma de hombre bueno, la visitaba día a día, en su Basílica Macarena, para pedirle y contarle  de tú a tú con esa familiaridad de vecinos que tenían los antiguos.

Te conocimos  hace muchos años en época de costales elaborados en casa, pocos relevos, mucha ilusión y ganas, poco protagonismo  y normalmente mucha leña en aquella cuadrilla que, al mando de un Ismael joven y serio como siempre y eso que faltaba mucho tiempo para recibir su bautismo de ceniza fúnebre,  formaba cada año una cuadrilla para portar a  La Virgen del Amparo  con su gente del Cachorro y algunos amigos que, sin tener el honor de llevar a tan ilustre Señor que reside en Triana, nos uníamos a ellos para poder ser un año más costaleros de tan clásica y a la vez devocional Señora que reside y pasea cada año por las inmediaciones de La Magdalena.

Años difíciles para las hermandades de gloria y también para esta clásica donde las haya, años de Pepe Seller y Jose Luis Gomez de Terrero,  que gestionaban  la hermandad  y que ya marcharon con su Señora en un eterno mes de Noviembre, años de Pepe Vaca, El Bibi, El Tato, Ortiz  y otros más que con el paso de los años se fueron con Ella.

 Entre ellos Manolo Esparrago, el del “Esparragal” como le conociamos, herrero de profesión, del barrio de la Macarena, hombre fuerte de brazos de acero y ternura de niño que, año tras año y después de la mudá, se encargaba de subir a la Virgen hasta su peana, con la seguridad  de su fuerza y la sensibilidad y el mimo de su persona, para que Ella, su Virgen del Amparo, a la que llegó de la mano de sus amigos pudiera pasearse año tras año allá por el mes de Noviembre.

Esta humanidad junto con una amabilidad seria, reflexiva y dialogante era su seña de identidad, entusiasta de lo sencillo y amante de su familia y amigos, era un referente para nosotros que hemos tenido la inmensa suerte de conocerlo y en muchos ha supuesto un modelo de cómo vivir y amar, eso tan grandioso y que a veces olvidamos,  por puras necedades, que es la vida.

Ayer te fuiste para siempre desde tu barrio macareno, desde la calidez de tu cama rodeado de los tuyos como debe ser y protegido y amparado en la Esperanza, aquella tu vecina que siempre te tuvo bajo su manto verde.

Siempre vivirás en nuestro recuerdo, pues el olvido sí que es la verdadera muerte y siempre te veremos allá por  las inmediaciones de ese Arco que es distinto a los demás y no me preguntéis el por qué, al lado de  tu mujer, hijos, y nietos que además de haberte tenido como marido, padre o abuelo, siempre tendrán en ti un referente de cómo vivir la vida desde el cariño, la bondad y la humildad de los hombres sencillos.










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