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Jueves pastoreños. El mes de María en el Monasterio de Santa Paula (I). Francisco Javier Segura Márquez


La Pascua como Tiempo Litúrgico envuelve al mes de Mayo y lo convierte en una hermosa ofrenda de amor a la Madre de Dios, consagrándolo en su honor con muy variados Ejercicios, Cultos y prácticas devocionales que se extienden por las ciudades de toda Andalucía, ofrecidos a las Advocaciones, Titulos y Misterios de la vida de la Santísima Virgen con mayor devoción en cada lugar, o en cuyas conmemoraciones ha quedado inserto, por varias circunstancias, tan piadosas prácticas de fe.

 

El mes de Mayo, de este modo, ha acabado conociéndose como “Mes de María” y de hecho, ha sustituido, especialmente en ámbitos urbanos, la importancia que tuvieron meses como Agosto o Septiembre, que se han conservado de forma más numerosa en espacios rurales, en los que el éxodo vacacional se articuló de forma distinta en convivencia con estas devociones marianas veraniegas. De este modo, la celebración del “Mes de María” en Parroquias, Hermandades, Comunidades Religiosas, Colegios y otras muchas y variadas formas de asociacionismo y fraternidad religiosa viene ofreciendo la oportunidad de venerar de forma especial a Nuestra Señora en multitud de advocaciones distintas. 

Hoy queríamos aprovechar la ocasión para ahondar en la práctica del Mes de María, tomando como ejemplo la singular práctica del mismo que se hace en el Monasterio de Santa Paula, de la collación de San Román y Santa Catalina de nuestra Ciudad, especialmente por su vinculación con nuestra Hermandad y la devoción a la Divina Pastora que, desde tiempo antiguo, vienen profesando las Religiosas Jerónimas que lo habitan desde el último cuarto del siglo XV, cuando su fundadora, Ana de Santillán, destinó aquellas casas de su propiedad para habitación y consagración de un Convento de la Orden de San Jerónimo bajo el título de Santa Paula, una de las más fieles discípulas del Santo Cardenal traductor de la Biblia por mandato del Papa San Dámaso.

 

Los estudios que han pretendido desbrozar el origen de la devoción del mes de María han encontrado su fuente más antigua en las Cantigas de Alfonso X El Sabio, concretamente en la 406, en la que se refiere el quinto mes como propio de la alabanza a María Santísima: “Bienvenido seas, Mayo”. Siglos más tarde, ya en el siglo XVI, la devoción del mes de María se extiende por toda Europa, tomando como modelo la práctica de los treinta y un días del mes para rezar con diferentes fórmulas. Uno de los primeros ejercicios escritos será obra de un fraile alemán que lo difundirá por todo el continente. 

Llegado el siglo XVII, podemos constatar que muchos santos lo empleaban como técnica pastoral y de misión por su belleza plástica en torno a la ofrenda de las flores que se ponían en los altares.Los frailes Dominicos, con el auge de la devoción al Santo Rosario tras la batalla de Lepanto lo impulsarán como devoción propia tomando como referencia el llamado “Domingo de la Rosa” que es el primer Domingo del mes de Mayo. A finales del siglo XVIII y primeros años del siglo XIX, con la respuesta de la Iglesia ante el cuestionamiento de su autoridad que plantean las ideas revolucionarias francesas y el gobierno monárquico del general Napoleón Bonaparte,  revitaliza sus antiguas prácticas, dotándolas de nuevo sentido y repercusión.

 

Así, el papa Pío VII, que también honró a la Divina Pastora aprobando su Oficio y Misa de la Madre del Buen Pastor en 1 de Agosto de 1795, dispuso como práctica recomendable la del Mes de María, concediendo por rescripto de 21 de Marzo de 1815, trescientos días de indulgencia a los que lo practiquen y rezasen, extendiéndolo a indulgencia plenaria el 18 de Junio de 1822. Esta indulgencia será renovada por Pío IX en 1859, cinco años después de la Proclamación Dogmática de la Inmaculada Concepción. 

En este espacio de tiempo, entre ambos siglos, surge en el Monasterio de Santa Paula una especial devoción por la Divina Pastora, al parecer por un milagro de curación que se vive en el seno de la Comunidad gracias a la ostensión de un lienzo manchado con sangre de Fray Isidoro que devuelve la salud a una de las religiosas. Esta sanación provoca el firme deseo de venerar a la Divina Pastora en el propio monasterio, reclamando la Madre Abadesa, en nombre de la comunidad, y en varias ocasiones, la presencia de la Venerable Imagen de la Divina Pastora, la cual finalmente fue trasladada en varias ocasiones.

 

¿Por qué se llevó la Virgen a Santa Paula? Hemos intentado recabar alguna información, y entre los miles de documentos que custodia el archivo hemos encontrado un interesante “recuerdo …para perpetuar la memoria de los días que estuvo la Peregrina Ymagen de la Señora, en el referido Convento, después de concluida su Novena, desde el Martes 28 de Agosto hasta el Domingo 2 de Septiembre (de 1883), celebrándose en ellos por las monjas un devoto Triduo”. Dicho recuerdo conserva, escritas en ternísimos versos, unas estrofas que narran la milagrosa curación de una religiosa ocurrida en la segunda mitad del siglo XVIII, en el transcurso de una visita de la Virgen. 

Este recuerdo, firmado por Miguel del Olmo y Rodríguez, fue copiado exactamente en Agosto de 1928 por el secretario y archivero José Rus Lucenilla del Real. Miguel del Olmo va a ostentar durante un prolongado período, a caballo entre la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, el cargo de Mayordomo. Ostentando el cargo, la ciudad va a vivir el tercer y definitivo brote de la epidemia de cólera morbo. La Hermandad debió aquel año de 1885 tomar acuerdo (hipotésis fundada en que no se conservan las actas capitulares entre 1877-1903) para celebrar la novena entre los días 19 y 27 de Agosto, pero con carácter de rogativas, según consta en la convocatoria “para obtener del Señor por su poderosa mediación que cese el terrible azote de la epidemia, con que es castigada nuestra amada Patria y sea preservada esta piadosa ciudad”, una Sevilla que acabaría padeciendo la epidemia, registrándose 101 fallecimientos en toda la provincia de Sevilla, cuya capital se vio afectada entre los días 13 de Octubre y 17 de Diciembre.

 

Predicaron los cultos de la Divina Pastora los sacerdotes don Julián Sánchez Cabrillán y don Juan Manuel Sanz y Saravia, que servía como cura propio a la vecina Parroquia de San Gil. La Fiesta Principal fue el Domingo intermedio, día 23, presidiéndola don Agustín Molina y Arjona, Pbro., Párroco de San Vicente. La Novena remató el día 27 con la Misa de Comunión General, celebrándose la procesión de la Virgen el Domingo 30 de Agosto a las cinco de la tarde. 

Siendo nuestra Hermandad tan cuidadosa en cada detalle, no podía prescindir de adecuar el ornamento de la Divina Pastora y de sus andas procesionales con los tonos morados que correspondía a una procesión de rogativas. Así hemos encontrado rigurosamente anotados en las cuentas de 1885 el gasto de “noventa y cinco reales por tela morada para los faldones del paso” o la nada despreciable cantidad de casi 1.300 reales (el mayor gasto de todas las Fiestas) gastada en el negocio de los herederos de don Manuel del Real en concepto de “tela de tisú morada para el manto de la Virgen, canelones (fleco canutillo) y oro para el sombrero… ciento doce reales de raso morado…y flores para el sombrero”, además de la tela para un frontal de tisú blanco para los Cultos. ¿Pudo ser ese manto, primorosamente bordado entonces, el que acabaría unido a otro para configurar el actual manto procesional? Hay que seguir estudiando tal caso. 

La hermana Pastora del Real se hizo cargo de realizar “dos ramos de lila morada para la mano de la Stma. Virgen”, un ramo para el sombrero nuevo morado, empleando “una vara y tres cuartos de raso morado y blanco para el sombrero”. Todo ello bien mereció el pago de 132 reales al capataz del paso, Joaquín García, que debió conducir a la Divina Pastora al monasterio de Santa Paula, por cuyas religiosas se aplicaron las intenciones del primer día de la Novena. No fue la única vez que sabemos la Virgen visitó a las Madres Jerónimas. La Procesión ordinaria de Agosto de 1892, que ya salió a las seis de la tarde, trazó el recorrido pasando por las calles San Luis, Vergara, Santa Paula, Bustos Tavera, Inquisición, Dueñas, San Juan de la Palma, Feria, Relator y San Luis hasta la entrada.

 

Aquella devoción secular de las Religiosas de Santa Paula quedó perpetuada en 1894, cuando el mencionado mayordomo Miguel del Olmo va a costear de su propio peculio la Imagen de la Divina Pastora que se venera en dicho Convento. La va a encargar a uno de los escultores más reputados del momento, don Manuel Gutiérrez Reyes-Cano, que realiza una Imagen de tamaño académico rodeada de un hermoso rebaño de ovejas. Dicho rebaño está vinculado al que ahora luce nuestra Amantísima Titular, adquirido a la Archicofradía de la Quinta Angustia por nuestro mayordomo, el Sacerdote don Manuel Fernández Silva, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral. 

Había de ser aquella Imagen de la Divina Pastora la que protagonizaría, desde entonces, el Ejercicio del Mes de María en Santa Paula. Una Venerable, Sor Cristina de la Cruz de Arteaga escribirá el librito “Flores para el Mes de Mayo” en 1957. Pero esa historia, y sus protagonistas, serán materia del próximo Jueves Pastoreño. Gracias por su atención.










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