Arte Sacro
  • Noticias de Sevilla en el mes de los Difuntos
  • lunes, 11 de noviembre de 2019
  • faltan 146 días para el Domingo de Ramos

Priostías: cercanía a Dios. Juan Manuel Labrador Jiménez


 ¿Quién no ha soñado alguna vez con estar cerca de Dios o de su Santísima Madre, y poder descubrir la belleza de su rostro? Sin embargo, hasta que no llegue el día de nuestro juicio final, y el Altísimo nos reclame a su presencia, no gozaremos de esa gloria que es la Vida Eterna.

No obstante, el Señor es grande con nosotros, y entre las espinas que se nos clavan en el alma mientras dure nuestra peregrinación terrena, los cofrades podemos vivir ese antesala esperanzada junta a cada imagen de Cristo o María.

En nuestros días, cuando hablamos de las priostías de nuestras Hermandades, parece que lo hacemos refiriéndonos a un área que sólo se basa en la estética y el exorno, cuando todo ello, sin que carezca de importancia, no es lo más relevante, puesto que los priostes son quienes trabajan más cerca de Dios, siendo esta idea la pieza clave de este puzzle.

Ahora, cuando llegan estos días de cuaresma, la labor de los priostes y demás hermanos allegados a esta parcela es la más intensa y, a la par, la más principal, puesto que si las corporaciones cofrades han de ser un medio para que el pueblo llegue a Dios, los priostes son quienes nos invitan a recrearnos con los sentidos ante la grandeza de Jesucristo a través de los altares de culto, o cuando con todo mimo y cariño humanizan tanto nuestras imágenes, que las ponen a nuestra misma altura al ser descendidas de sus retablos y camarines para besar esos dedos de madera que, prodigiosamente, poseen el mismo calor que la carne humana.

Olor cautivador a cera fundida invade los templos, porque los priostes nos ayudan a buscar la luz que nos guía a la Divinidad. Cuerdas y carruchas están preparadas para ascender las imágenes de Jesús crucificado hasta sus altares itinerantes. Se alzan bambalinas que cobijan bajo un techo de palio el primer Sagrario de Dios: la Virgen María.

Que no sean la cera, el bordado, la plata y la flor meros exornos, sino que todo ello constituya un modo de sentirnos más cerca del Maestro, del Supremo Hacedor de la Vida.

No confundamos las priostías con labores de bricolaje o de escaparatismo, porque para nada son lo mismo. Reconozcamos el trabajo de los priostes y sus auxiliares como el esfuerzo de hacernos sentir cerca de Él y de Ella, porque, indudablemente, esta proximidad a lo divino es lo que engrandece nuestra fe, y todo ello se lo debemos a ellos, a nuestros priostes.

Foto: Francisco Santiago










Utilizamos cookies para realizar medición de la navegación de los usuarios. Si continuas navegando, consideramos que aceptas su uso.