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Las vestimentas de la Virgen de Araceli. Hoy el besamanos


Federico Carrasco y Francisco Javier Segura. Dentro de la agenda de celebraciones destacadas de la Franciscana Hermandad de Nuestra Señora de Araceli, figura el besamanos a la imagen. Este acto de devoción, que se celebró por primera vez en diciembre de 2004 con motivo de la restauración de la imagen.

En ese momento no se había encontrado una fecha adecuada para la celebración del besamanos anual a la Santísima Virgen, por eso no se celebraba habitualmente. En el año 2006, aprovechando la ocasión de la salida extraordinaria de la imagen con motivo del II Encuentro Aracelitano, se usó el besamanos como pórtico de las celebraciones, celebrándose el mismo en la jornada del día 12 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Pilar, por haber sido en esa jornada cuando se bendijo la imagen de la titular en el año 1944. En las reglas que actualmente rigen el funcionamiento de la Hermandad, ya se contempla como preceptual el besamano en la mencionada fecha.

 

El escenario del besamanos es el ámbito cercano al altar de la Santísima Virgen. El besamano fue montado en este lugar para hacer posible las celebraciones matrimoniales concertadas con anterioridad. Lo que podía haber supuesto un problema por tener que usarse un espacio más pequeño, colaboró sobremanera en el éxito del montaje del mismo.

Usando como fondo el retablo de la Virgen, se instaló ante él la imagen titular a la altura de los fieles. En el camarín fue colocada la Bandera de la Realeza de María, cedida por la Hermandad Sacramental de Santa Marta. Estaba esta insignia alumbrada por diez candeleros, entre ellos los cuatro que habitualmente acompañan a la Virgen en su altar. Bajo el camarín, y poco visible en esta imagen, se encontraba el manifestador de cultos de la  mencionada hermandad sacramental acogiendo en su interior una imagen de San Juan Bautista Niño, obra dieciochesca perteneciente a la fábrica parroquial de San Andrés. A ambos lados del manifestador aparecían dos candelabros de alpaca plateada de cinco luces cada uno.

 

En el nivel inferior sobre una peana de damasco rojo con galón dorado aparecía la Virgen escoltada por dos candelabros de siete luces cada uno cedidos por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Salteras. Estos candelabros descansan sobre soportes para flores propiedad de la parroquia.

La imagen lucía el terno blanco bordado en oro sobre raso blanco, el cual presentaba un precario estado que impedía una natural colocación que favoreciera más el aspecto de la talla. La saya estaba sujeta por un cíngulo de oro con dos borlas confeccionado por Casa Rodríguez y donado por una devota llamada Araceli. Dentro de la vestimenta destacaba el juego de tocado y puños de encaje de bolillos así como diferentes broches y otras alhajas que se estaban estrenando y a las que se sumarían otras piezas para la procesión.

Como exorno floral se emplearon liliums y gladiolos blancos en diversos centros compuestos por Juncia y Romero. Dos de estos centros estaban colocados sobre columnas de madera dorada cedidas por la Hermandad de la Asunción de Cantillana.

 

Fotos: Juan Alberto García Acevedo.










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