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El castillo de San Jorge, último vestigio de la inquisición


 Antonio Rendón. A orillas de la ahora dársena del Guadalquivir y a la sombra de la capillita de la Virgen del Carmen del Puente de Triana se asienta desde tiempos remotos, quizá visigodos, el Castillo de San Jorge, conocido también como Castillo de Triana o Castillo de la Inquisición.

Las primeras reseñas documentadas que existen sobre este punto estratégico para la defensa de la ciudad relatan los intentos del infante don Sancho para tomarlo allá por 1178, solo siete años después de que el califa almohade y rey de Isbiliya, Yusuf Abu Yaqub (el mismo que trajo el agua a esta ciudad desde Alcalá de Guadaira y el que empezó la construcción de una nueva mezquita mayor con alminar) mandara construir un puente con trece barcas unidas con  robustas cadenas enclavadas en los muros del propio castillo a ese lado del río.

No es hasta el año 1248 cuando la flota del almirante Ramón Bonifaz, cumpliendo las órdenes del santo rey Fernando III, consigue doblegar la resistencia de la fortaleza. Para ello, el 3 de mayo de ese año embiste contra el mencionado puente con dos naves -comandadas por el gallego Payo Gómez Charino de Sotomayor- cuyas proas habían sido acorazadas expresamente para tal fin. Con marea llena y viento de popa, las cadenas son reventadas y se abre así el camino a la posterior toma de Sevilla.

Una vez cristianizada la ciudad y en compensación por los servicios militares prestados al rey, el castillo se entrega hasta el año 1280 a la orden militar de los Caballeros de San Jorge -de donde toma su nombre- para el desarrollo de sus propias actividades. Entre ellas, la veneración a su patrón mediante cultos y celebraciones religiosas, para lo que se erige una capilla que con los años pasa  a ser la primera parroquia de Triana.

Posteriormente es ocupado para su gobierno por sucesivos alcaides pertenecientes a familias relevantes de la ciudad, debido al valor estratégico que tiene para la defensa de la villa. Con el paso de los años va perdiendo importancia hasta quedar deshabitado a mediados del siglo XV.

En 1481 se convierte en sede de la Santa Inquisición española que, necesitada de mayor espacio para sus mazmorras, se traslada desde el vecino convento dominico de San Pablo, actual iglesia de la Magdalena, al otro lado del río.

Las frecuentes crecidas del Guadalquivir –la de 1554 se llevó por delante el puente de barcas entonces existente- van paulatinamente minando sus muros y dependencias hasta que en 1626, amenazado de ruina, la institución se ve obligada a desalojarlo. Se cede entonces al conde Duque de Olivares, que lo restaura y cuida hasta que en el año 1639 vuelve a ser ocupado nuevamente por la Inquisición, que lo abandona definitivamente en 1785.

Cedido ya a la ciudad,  el Ayuntamiento se encarga de su derribo y explotación. Se consigue así  conectar el Altozano con la calle Castilla y generar un almacén para el grano. Sobre 1830, y con motivo del mercadillo ambulante que espontáneamente se forma en sus alrededores, se construye el mercado de abastos que continúa en nuestros días, después de la remodelación profunda que sufrió el entorno en el año 1992.

Parte de sus dependencias están destinadas en la actualidad a centro de interpretación y museo, y su visita resulta imprescindible para conocer a fondo su historia y la influencia que tuvo en los aconteceres de la ciudad.

Información y texto Torre Pina y Antonio Rendón

Fotos: Antonio Rendón Domínguez










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