Arte Sacro
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Crónica Sacra Híspalis. Memoria de los tiempos (IV).Las huellas franciscanas en la ciudad


Arte Sacro. Comenzamos nuestro itinerario en la fachada del arquillo del Ayuntamiento de Sevilla, antigua portería del Convento Casa Grande de San Francisco, allí, Antonio López, pintor artístico, investigador histórico y ex archivero de la Hermandad de la Santísima Vera Cruz, con un importante acopio de datos, nos hizo un recorrido histórico pormenorizado por las dependencias del convento, donde pudimos recrear mentalmente la inmensidad del mismo y la riqueza patrimonial que atesoraba dicho monasterio.

En 1248, tras la reconquista de la ciudad, Fernando III el Santo cedió a los franciscanos un lugar para su convento. Ya aparece en 1268. Alfonso X confirmó a los franciscanos los privilegios dados por su padre y además, les dio limosnas para su construcción. Pedro I entregó al convento muchas limosnas y en 1365 costeó la construcción de la sacristía, a la que donó algunas reliquias.

Tuvieron capilla propia en la iglesia para sus enterramientos: los Enríquez desde 1305, Manzanedo desde 1339, Marmolejo desde 1370, Martínez de Medina desde 1376 y los Cáceres desde 1417.

A mediados del siglo XVI el convento había prosperado tanto económicamente que se traspasaron una serie de títulos de propiedad y bienes acumulados al monasterio de Clarisas franciscanas de Santa Clara. 

El Ayuntamiento dona en 1525 un huerto con un naranjo, en agradecimiento por permitir el tránsito a través del convento a la casa consistorial paredaña. A principios del XVI se levanta, en la zona sur de la Casa Grande, la llamada Hospedería de Indias, erigida para dar los frailes que se encontraban en Sevilla aguardando la partida de las naos con destino a las Américas. 

En 1648 había ocho conventos franciscanos en la ciudad, fundados en los siguientes años y con el siguiente número de personas habitándolos: Casa Grande de San Francisco (1249) con 160 personas; Nuestra Señora del Valle (1567) con 44, San Diego (1580) con 45, San Antonio de Padua (1595) con 39, San Buenaventura (1600), con 24, los Terceros (1602) sin datos los Capuchinos (1627) sin datos San Pedro de Alcántara (1640) con 12. 

En el convento se erigieron sendas hermandades con enorme importancia devocional.

En 1810 las tropas francesas ocuparon el convento, convirtiéndolo en cuartel, saqueando sus obras de arte el mariscal Soult, siendo llevadas a Francia donde, posteriormente, se dispersaron por otros museos y colecciones.

El convento fue exclaustrado y desamortizado en 1835 y en 1840 la Junta Popular de Gobierno tomó la decisión de demolerlo. La mentecatez del ser humano no conoce fronteras.

El grupo que compuso el itinerario puso rumbo hacia la antigua calle de los Cervantes, donde nos aguardaba el profesor D. André Joaquín Egea, a la sazón, presidente de ADEPA, a las puertas de la capilla de la Orden Tercera de San Francisco. El profesor Egea, nos narró las acciones en torno a las restauraciones y mantenimiento que en la recogida capilla se venían haciendo desde hace unos años y de la puesta en valor de la misma, como tesoro patrimonial que milagrosamente ha llegado hasta nuestros días.

La Capilla de la Venerable Orden Tercera de Penitencia de San Francisco, fue construida entre 1694 y 1696, según nos describe Gestoso, siendo inaugurada solemnemente el 19 de marzo de 1696. El origen de la Capilla se encuentra en la compra de un solar aledaño al Convento de San Pedro de Alcántara por la Orden Tercera, ampliado con una pequeña casa adquirida en 1749 y rehabilitada hace unos años, con fachada a la calle Cervantes. En este edificio, la Institución Franciscana ha permanecido sin interrupción durante más de tres siglos.

La Capilla consta de una sola nave cubierta con bóveda de cañón ligeramente rebajada, arcos fajones geminados y lunetas, en cuyo centro se abre una pequeña linterna que ilumina el interior de la Capilla.

En la cabecera se adosa el retablo mayor, de estilo Barroco del siglo XVIII, y en los muros laterales destacan dos grandes lienzos de San Francisco bajando al Purgatorio y la Inmaculada. También existen dos pequeños reta­blos, uno dedicado a la Virgen del Carmen y otro a San Clemente.

A los pies de la Capilla se encuentra la puerta principal que da a una especie de com­pás, en cuya zona superior se ubica una tribuna con celosía de madera talla­da que conecta con otras dependencias de la vivienda.

La Capilla se cerró durante la invasión francesa reanudándose el culto hacia 1813, sin embargo la Orden Tercera, al ser de seglares, sobrevivió a la desamortización. Actualmente se trabaja en la limpieza y recuperación de las pinturas, esculturas y retablos de la Capilla.

La Orden ha contado como hermanos en el S. XX a Santa Ángela de la Cruz y al beato Marcelo Spínola.

Contigua a la capilla, se haya la desconocidísima iglesia conventual de San Pedro de Alcántara, joya de la pintura ornamental barroca, que atesora una riqueza espiritual y patrimonial digna de mención. El profesor Egea, nos hizo partícipes de la preocupaicón que existe por la divulgación de este sacro santo recinto, de las actividades culturales que se llevan a cabo en el mismo para recaudar fondos destinados al mantenimiento de tan singular edificio y de las vicisitudes que ha sufrido el mismo a lo largo de su historia.

Finales del siglo XV comienzos del XVI San Diego de Alcalá, fraile franciscano, inicia la reforma de la Orden Franciscana.

Su labor seria continuada por San Pedro de Alcántara, reformador coetáneo de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz que lo harían con la Orden Carmelita. En esta fecha se sitúa la fundación de un convento Franciscano en los terrenos que hoy ocupa el teatro Lope de Vega y el Casino de la Exposición. Este convento adaptaría la reforma de San Diego y tomaría su nombre.

En el siglo XVII el convento de San Diego, uno de los más importantes de España, fundaría en los terrenos de la casa palaciega cedidos por  Alonso de Zúñiga y Guazmán, Marques de Valencina, un pequeño convento que servirá de hospital para los frailes enfermos y ancianos.

Este pequeño convento, llevaría el nombre del reformador, San Pedro de Alcántara, el que fuera confesor de Santa Teresa. La iglesia y el convento perduraron más allá de las desamortizaciones y exclaustración del siglo XIX gracias sobre todo a la acción del padre Manuel José Faguntez que mantuvo la iglesia abierta al culto mientras que el edificio del convento era convertido en el primer instituto de enseñanza media de Sevilla con el nombre de San Isidoro.

Antes, en el siglo XVIII, los frailes dieguinos abandonaron su convento de San Diego por las repetidas inundaciones y lo vendieron (en la parte superior del ábside de la iglesia un fresco describe una de esas inundaciones mientras un fraile observa la destrucción de muros y torres), convirtiéndose en fábrica de curtido, luego convirtiéndose en parte del Palacio de los Duques de Montpensier, reuniéndose todos los frailes en el convento de San Pedro de Alcántara.

En el siglo XX, las Esclavas Concepcionistas se hacen cargo de la iglesia del convento hasta hoy con autorización del Beato Marcelo Espínola, conservándose en su poder hasta hoy.

Dos horas y media después del inicio, concluimos nuestro itinerario en el mediodía de un sábado radiante, en el que pudimos disfrutar, de la historia, el patrimonio, la cultural y el arte sacro, en esta ocasión, con el hilo conductor de la huella franciscana en la ciudad.  








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