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Juan Manuel Labrador ofreció un vibrante pregón cargado de Esperanza


Fco Javier Montiel. El pasado 12 de diciembre, tuvo lugar el XLV Pregón de las Esperanzas, en la Capilla de los Marineros, a cargo del hermano de la corporación de la Madrugá, Juan Manuel Labrador Jiménez. 

Este es un acto rotatorio entre todas las hermandades que llevan por advocación la de la Esperanza.

Asistieron al acto el delegado diocesano para las hermandades y cofradías, representantes de las juntas de gobierno de las hermandades de la Esperanza de Triana, Macarena, Trinidad, San Roque, La O y Divina Enfermera; la teniente de alcalde, delegada del distrito de Triana, Encarnación Aguilar, el secretario y miembros de la Junta Supeior del consejo General de HHCC de la Ciudad de Sevilla, el Director de Área de la Delegación de Gobernación y Fiestas Mayores; y cofrades y devotos de la Esperanza.

Las nota musical la puso un reducido grupo de integrantes de la Bande de Música de Las Cigarreras.

Después de la interpretación de la marcha "Esperanza de Triana Coronada", Carlos López Bravo presentó al pregonero, haciendo un repaso por sus estudios, trabajos y como no, por sus hermandades.

Siguió la interpretaciónde la marcha "Siempre Esperanza", que dió inicio a un pregón cargado de sentimiento y sobre todo de Esperanza.

Juan Manuel Labrador hizo vibrar a los asistentes con sus versos y prosa.

Con la Esperanza como eje central, dedicó un pasaje a lo que para él es la Esperanza. Siguió hablandonos de la preparación de los besamanos y de como fué la esperanza Macarena la primera imagen que fue expuesta en besamanos.

Ya está listo el presbiterio
para que, al fin, lo presida
la venustez desmedida
que en Sí contiene el misterio
de ese extenso magisterio
que el mismo Dios nos desgrana
en la carita gitana
donde todo es más liviano
cuando está de besamano
la Esperanza de Triana.

La Esperanza Trinitaria nos llegó entre versos y prosas del pregonero contandonos sus inicios.

Hay en la Ronda una historia
que no se la lleva el viento,
pues la resguarda un convento
que siempre se vanagloria
de servirte de aposento.

Juan de Astorga te esculpió
hace ya doscientos años,
y tanto se recreó
después de echarle redaños
que jamás se superó.

Gracia y Esperanza de San Roque siguió en este recorrido de advocaciones.

Dos palabras distintas, dos vocablos
que habrán de utilizar generaciones
cada vez que se cumpla otro periodo
y expire el almanaque cuando agote
las hojas que han huido sin remedio
cayendo mes a mes de su soporte,
a pesar de esa brisa casi helada
que tan sólo es palpable por las noches,
porque al amanecer se desvanece
aquel gélido ambiente que recorre
una feligresía afortunada
debido a que se erige en esa corte
que aclama a su Señora como Reina
en torno a la que gira todo el orbe,
pues en la Plaza de Carmen Benítez
se asienta una parroquia que es el cofre
que preserva el candor adolescente
con el que el Padre Eterno rompió moldes
en aquella chiquilla inimitable,
siendo su apelativo el que prolongue
ese enternecimiento que origina
decir su advocación de forma doble.

Dos palabras benditas y un lugar:
la Gracia y la Esperanza de San Roque.

Llegamos a la Gloriosa Espectación, Divina enfermera, que en estas semanas en las que sabe a polvorones de Estepa, a yemas de San Leandro y a turrones del convento de Santa Paula, y por muy recónditos recovecos no ha dejado de oler, como si se hallase retenida en un pasado no excesivamente lejano, a alhucema y a cisco picón de encina en algún que otro arcaico brasero. Hasta parecería que se ralentiza el reloj cuando los niños se agolpan sobre los escaparates de grandes almacenes y jugueterías para ver, ilusionados, todo lo que le han pedido a los Reyes Magos en sus infantiles misivas, cubriendo de churretes toda la parte inferior de los cristales de estos establecimientos.

San Martín es dispensario
donde las convalecencias
se superan sin más ciencias
que ese amor extraordinario
contenido en un Sagrario
que tiene aspecto de esfera,
pues María es la primera
que siempre por estos lares
alivia nuestros pesares
por ser Divina Enfermera.

Y llegamos al arco, y detrás del arco Ella. Y es que da igual la hora que sea, no importa en absoluto la climatología, porque la Macarena no se queda sola al descender de su retablo ni tan siquiera cuando una amplísima mayoría reposa su cansancio sobre la almohada a la par que Ella, insomne, sigue protegiendo a sus hijos hasta intempestivamente.

Otro año se produce
la costumbre placentera
de musitarle al oído,
sobre su alfombra dispuesta,
esos halagos que emanan
de la pasión recoleta
que todo devoto siente
a los pies de esa escalera
que en la misma embocadura
de su camarín comienza,
ante aquel sillón real
donde la Virgen se sienta
hasta mitad de diciembre,
el momento en el que Ella
se aproxima hacia los suyos,
con decisión y presteza,
al venir desde la gloria
por un camino de estrellas
que culmina en su basílica,
mas sin olvidar la esencia
que identifica y define
la finura sempiterna
que se percibe en su rostro
impregnado de inocencia,
motivo por el que el pueblo
entre súplicas le ruega
alcanzar la mansedumbre
del Señor de la Sentencia.

En el recorrido por las Esperanzas, llegamos a La O.  Como Joaquín Caro Romero versificó: «La Esperanza es una O / pero vale un alfabeto, / porque su hermosura encierra / las lenguas del universo (...)». Y en Triana, ubicada en el precipicio de su estrecho presbiterio, nos recibe la castiza lindura de una Virgen cuya advocación es un suspiro, «encerrando tanto amor / dentro de un nombre tan breve», como reconociese aquel buen cofrade que fue Ramón Martín Cartaya.

Una O exclamativa
sirve para darle nombre
a la Señora más digna.

Cristo vuelve a su niñez
en un vientre incorruptible
para hacerse churumbel.

Tras cuatro siglos y medio,
Ella ha seguido cuidando
de su Jesús Nazareno.

El júbilo y el dolor
se reflejan en la Virgen
durante la Expectación.

Y hasta el puente de Triana
se alza sobre las oes
de esta letra esperanzada.

Las antífonas resuenan
por este viejo arrabal
cuando al Señor se le espera.

Finalizó el recorrido devocional con sus grandes devociones: Trinidad y Triana.

Se convierte una capilla
en un gran salón de corte,
y el amor hace su aporte
cuando hinca la rodilla.

Vendrán a besar su mano
Triana y Sevilla enteras
con las plegarias certeras
de este loor cotidiano.

Jamás permanece sola
ante aquellos escalones
donde un manto con dragones
deja expandida su cola.

Vacío está el camarín
sin su belleza morena,
si bien el altar lo llena
de flores como un jardín.

Niños, jóvenes, adultos,
ancianos... ¡Todos regresan!,
pues con Ella se confiesan
en estos días de cultos.

Y la vida se resume
en el canto de alabanza
que se entona a esta Esperanza
de Quien Triana presume.

Al finalizar el pregón, el hermano mayor de la corporación, Sergio Sopeña, dirigió unas palabras de agradecimiento al pregonero, he hizo entrega de una vela rizada del palio de la Esperanza como emotivo recuerdo.

Finalizó el acto con la interpretación de los himnos de Andalucía y España.

 

Fotos: Fco Javier Montiel










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