Arte Sacro
  • Noticias de Sevilla en Cuaresma
  • miércoles, 25 de febrero de 2026
  • faltan 32 días para el Domingo de Ramos

¡Qué poquito queda! Las manos de un barrio. Alberto de Faria Serrano


 Esta mañana te has levantado sin necesidad de ver el calendario; se anuncia morado desde las entrañas como se anuncia un día señalado a fuego en el estípite de nuestro Vía Crucis cuaresmal. Primer Viernes de Marzo. Ahí es nada. Y si no significa nada eso añadámosle que ya hay un maestro en capilla de atril engatusándose el revoleo de las cuartillas del deleite. El dulce paladar de una torrija de la Campana da inicio al rito. Porque muy cerca comparece el rey David en su Galeón de carey y plata envuelto en el halo majestuoso de la veneración. Cinco besos de Jerusalén tan anhelados como el tacto entrañable del ruan que aguarda en la alcoba. Y en línea recta en la visita innata al Señor de la Híspalis de cada Viernes, la Rosa de San Lorenzo nos presenta a su hijo con las manos atadas antes de sentir el desprecio de la ofensa en su mejilla: se desata entonces el verbo y la nobleza de su rostro ofreciendo la otra,  escribe la semblanza humilde que da sentido a nuestra existencia.

Cíngulo dorado y túnica morada; estigmas puros y clarividentes  que hoy se concitan dentro y fuera del alma. Es como si nos entrelazara a unos a otros de San Antonio Abad al Tiro de Línea.  De San Lorenzo a Boteros. De la Misericordia de San Vicente al Polígono de San Pablo. Barrio que como cada Semana Santa, está de estrenos. Allí su cíngulo brilla más que ninguna otra. En verdad, vamos prendidos de su cíngulo. Vamos anudados a su sufrimiento y a su apresamiento. Vamos Cautivos de su efigie  y de su mensaje. Nunca se escribieron mejores líneas con las muñecas atadas. Sus manos hablan por si solas. Tan dulces como expresivas. Tan laceradas por la presión sanguínea como misericordiosas por no poder tocar las nuestras. Son las manos de un barrio entregado y que lleva un puñado de años, Rescatando lo mejor de ellos mismos: son las manos de un barrio que ha depositado absolutamente su esperanza en los ojos verdes de su Hijo y de su Madre. Son las manos de un barrio que le canta al amor de la Primavera bajo el tamiz trinitario de su escudo. No hay mejor símbolos que las manos del Señor Cautivo y Rescatado cuando se dedican por entero a una excelsa y pujante obra.

Porque aquí no hay milagro aunque se le parezca. Acérquense por su piadoso y devotísimo  Vía Crucis de esta misma noche y comprobarán por qué. Notarán que hay una acendrada espiritualidad y aun un mejor poso cofrade de intachable sevillanía fuera de toda duda.  No esperen al sol del mediodía del Lunes Santo al calor y al brillo refulgente de su nuevo paso o de su flamante y Duartiano Misterio donde podrán cegarse tanto como Herodes o Caifas, inquilinos deliberados y fruncidos de su  Cautiverio. Es esperar demasiado. Menos mal que los dos no ven sus ojos color esperanza porque se deslumbrarían al tratar de fijarse en el rayo visionario de San Ignacio: sus manos son las que acarician el alma del barrio Cautivado. Y sus ojos como las de la Madre del Rosario, las que acuden a nuestra salvación y a nuestro Rescate por la Puerta Carmona que imaginariamente la aguarda ya engalanada con sus mejores galas. ¡Que poquito queda!

Felicidades a los hermanos Joaquín, Juan Antonio y Manolo.

Foto: Eduardo Fdez. López









Utilizamos cookies para realizar medición de la navegación de los usuarios. Si continuas navegando, consideramos que aceptas su uso.