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Barbeito no engañó a nadie en su pregón de Semana Santa


 Daniel García Acevedo. He de reconocer que cuando el pregonero pronunció las palabras “He dicho”, las primeras sensaciones ante lo escuchado eran muy contradictorias.

Sin embargo, una vez que he leído el texto, cosa que les invito a hacerlo, el pregón es un compendio de prosa y verso de altísima calidad en el que Barbeito narra su experiencia en nuestra ciudad, la primavera y su Semana Santa y sus creencias cristianas, llena de dudas.

Sin duda no ha dejado a nadie indiferente ya que este pregón no se parece a ninguno otro pronunciado desde el atril de las diferentes sedes en las que se ha realizado.

Muchos dirán que esto no es un pregón de la Semana Santa. Desde luego que no es el típico al que estamos acostumbrados a escuchar. No se nombró a ninguna imagen ni ninguna hermandad, no tuvo aplausos intermedios, duró menos de una hora diez minutos. No se parece a ninguno. Por eso esta pieza es única e irrepetible, lo que le da más valor. En esto, Antonio García Barbeito no ha engañado a nadie. Él ya lo avisó.

 El pregonero le ha puesto por título “El tiempo de la luz” y comenzó con unos preciosos versos a la víspera de la Semana Santa que remata diciendo:

Esperad, mis impacientes paisanos:

Para tocar el cielo con las manos

nos falta solamente una semana.

Posteriormente, Barbeito habló sobre la memoria, contando anécdotas de pequeño en su pueblo por la forma de pronunciar sus paisanos determinadas palabras y de la primera comunión de una gitana.

Una de las partes importantes del pregón es cuando narra su primera vez  en nuestra ciudad. Fue en una Madrugá de lluvia en la que el pregonero tuvo una mala experiencia y se juró no volver más: “Una y no más. Por ésta”. Preciosa la referencia a la Macarena “Y yo fui a buscarte con un amigo, allí donde muerden el tiempo las almenas y tiembla cinco veces la esmeralda…, y un nombre popular lo dice todo cuando la noche se viste de media noche”.

 Tras piropear a la Primavera, Barbeito explicó que él no venía a este pregón a dar lecciones a nadie porque su infancia no tiene llena de recuerdos al no haber estado en la capital: “no me envejece el tiempo contigo en el recuerdo, porque vine muy tarde y vine solo a verte, a aprender a quererte, a morirme contigo sin morirme del todo…” Otro pasaje dice: “Yo no vengo a cantarte lo que tú cantas mejor que nadie: vengo a cantar lo que en ti veo”.

Muy buena la poesía dedicada al costalero que termina:

Anda por sus pies el Cristo

y anda por ellos María.

Que andar sin ellos sería

ir de gracia desprovisto.

Por eso, Señor, te insisto:

Hazles de santas maderas,

un cielo donde tú fueras

capataz que iguale nombres,

un cielo para esos hombres,

pero con trabajaderas.

 Continúo el pregón relatando la pérdida de su padre con la pregunta ¿Qué dirás de la mía?. El pregonero dice: “¡Esa es la mía!. Ese es el pasocristo más mío de toda mi vida.”.

“Yo no vengo a decirte cómo es la zancada de ningún Nazareno…” “¿Qué dirás de la mía?. Yo no vengo a decirte lo que de sobra ya sabes: yo vengo a agradecerte lo que me has enseñado.” “¿Y qué dirás de la mía?. Si la mía eres tú, muchacha.” “Todas son las mías, porque todas son tuyas”.

A continuación explica a lo que viene hablando de su Dios. “Mi Dios es agrario. Y el Dios agrario, siendo el mismo, es otro allí por donde reina con otra vestimenta.” “Y allí, las preguntas. Otras preguntas. Allí Dios tiene otras maneras y otra forma de responder, la misma diferencia que hay entre tus hombres y los míos”. “Yo a Dios allí lo tuteo en el trigo y en el río que pasa y aquí es otra cosa, un respeto distinto”.

En este instante el pregonero se confiesa con Dios y le expones sus dudas, siendo esta la parte más personal.

Sigo aquí, Señor, rezando

oraciones que aprendí,

pero al preguntar por Ti,

sigo dudando, dudando. 

Señor, por la duda ando

entre preguntas desnudas,

esperando a que Tú acudas

a despejarme neblinas:

yo te arranco las espinas

¡Arráncame tú las dudas!

El final de otro poema sobre las exigencias a Dios, dice:

“Tenemos prisa los dos,

Señor, tú esperas, yo espero…

Contestamé Tú primero,

que para eso eres Dios".

Aunque al final vuelve a encontrar a Dios en el campo:

“El Dios que tengo en mí no es de madera,

ni sale en procesión ni tiene nombre,

es un Dios todo Dios y todo Hombre

que de mí, sin pedirme, tanto espera”.

Tras las dudas, Barbeito pasó al ataque de los que le han juzgado antes de escucharlo:”¿Tu vas a venir a cachearme el alma en las excluyentes fronteras de tu intolerancia, porque sospechas que trato de pasar demonios en los bolsillos?”. “Y jugamos a Dios y Dios no somos. De modo que no me juegues a Dios, que Dios no eres. Te lo digo más claro, por si te quedaran dudas de lo te digo:

Ni tú eres Dios ni yo soy el Diablo.

Somos hermanos de la misma Obra.

Yo te mendigo Dios, si es que te sobra;

Lo precisa el amor con que te hablo.

No vengas a clavarme tu venablo

para aumentar mi duda y mi zozobra;

Que Dios paga en Amor, y Dios no cobra

más que en Amor, amigo. Busca a Pablo.

Por último termina con un largo verso:

“¡Sal muchacha, sal y mira…!. Se llama Primavera y viene preguntando por ti…

Porque viene convencida

de que la luz que le brilla

se originó en la semilla

que en tu vientre se criara.

Además…, tiene en su cara

tu misma cara, Sevilla

El antes

Durante

El después

 

Fotos: Miguel Ángel Osuna.

El almuerzo-homenaje

Para ver la "Galería. Parabienes merecidos para el pregonero en el almuerzo-homenaje al pregonero", pulsar aquí

Para leer el texto del Pregón, pulsar aquí.

Otros titulares:

Aurora Flores, Diario ABC. «...Y si vengo a pregonarte es porque estoy loco por ti sin saber quien eres»

Carlos Navarro Antolín. Diario de Sevilla. Barbeito: Meditaciones en el atril

José Gómez Palas, El Correo de Andalucía. Barbeito... o el pregón de la oportunidad derrochada 

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