Arte Sacro
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A través del antifaz. El camino de las antorchas. Alberto De Faria Serrano


 Hasta el lunes no vamos a volver a cubrirnos. Todo tiene su pausa y su lugar. La vivencia del cofrade es amplia y la preparación de la Semana Santa está perfectamente diseminada por las decenas y decenas de diversos actos y cultos cuaresmales repartidos por todo el orbe cristiano y en nuestra tierra de María Santísima. Los hay a manojos de claveles. A manos llenas de caramelos como los del Rey Baltasar que debe andar en el séptimo sueño hasta el otoño que viene. A goteo incesante de cera derretida en el pabilo de nuestra vivencia, se nos ofrece la agenda cofrade y hasta hay auténticos dilemas existenciales para decidirse entre definidas apetencias y compromisos adquiridos. He llegado a ver como en el ejercicio de cierta indefinición, se recurre desde al cara o cruz, pasando por el pito pito, gorgorito o el deshoje de la margarita, e incluso hasta que el minino de la portera sea el que tome la decisión con su runruneo y rumboso desfile, como si del pulpo Paul se tratara.

Mas hay acontecimientos que no ofrecen sin embargo el más mínimo titubeo ni otorgan el mas minúsculo milímetro a la duda; allí dónde los dos primeros sevillanos históricos e ilustres vinieron al mundo. Dónde reposa la quietud adormecida de una efímera gloria Imperial con otras deidades, otros cultos y sacrificios paganos. Dónde aún se puede apreciar la grandeza espiritual y atávica de una colina, impregnada del incontestable magnetismo que desde tiempos remotos le conceden lugar de ritos ancestrales por antonomasia de la cultura mediterránea. Dónde las piedras esculpidas por el paso del tiempo aun dejan traslucir la inmemorial huella romana. Dónde la sombras mudas e impertérritas de los imponentes cipreses protegen como señores patricios el alma encendida. Allí, esta noche sabatina la señal de la Santa Cruz, bañará, al calor de las antorchas, el lúgubre aire frio de la Campiña Aljarafeña.

Las antorchas como símbolo alusivo de imprecación a las almas de los martirios cristianos que, si bien no están documentados, a buen seguro se pudieron hacer en su Anfiteatro Itálico, como en el Coliseo de Roma. Los estandartes de las hermandades presentes, nunca mejor avenidas y nunca mejor coordinadas, de varias localidades del entorno ( de la capital también), demostrando que la sencillez y la armonía es y debe ser habitual para llevar en andas (o en pasos) al Señor. La mística cristiana, el recogimiento popular, y la palabra del Nazareno sonarán por vigésima cuarta vez, dónde se devoraban y mandaban al Infierno a tantos seres humanos.

Será multitudinario como en años precedentes. Lo que da fe de su arraigo y de su solidez como acto piadoso popular. Declarado Acto de Interés Turístico Nacional por la Junta de Andalucía, y ensalzado por nuestro Cardenal Emérito, congrega a miles de sevillanos de toda la provincia, en especial de las comarcas limítrofes. Lejos queda ya aquella primera vez en que la feliz idea de la extraordinaria Hermandad de Jesús Nazareno de Santiponce, emprendió el camino de la vereda del Cementerio local para honrar a los fieles difuntos primero y después, conmemorar la Cuaresma dentro del recinto arqueológico con el Ejercicio del Vía Crucis más singular y emblemático de la historia Contemporánea de nuestras Hermandades y Cofradías. Más allá de cualquier goce estético e incluso cultural, la espiritualidad con que muchas otras hermandades han recogido el testigo de su antorcha, como el símbolo del fuego y la luz abrasadora que nos une a todos en torno a la figura del Señor en el inicio de la Cuaresma, y en tan monumental y legendario lugar.

Vívanlo en toda su plenitud. Que no se lo cuenten un año más.

Foto cartel: Juan Alberto García Acevedo. 










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